Mi polvo prohibido en la oficina con dos compañeros

Trabajo en una oficina de marketing en Madrid, rodeada de papeles y pantallas todo el día. Pedro es mi compañero de departamento, cincuentón pero con cuerpo de ciclista, fuerte y juguetón. Javier, el nuevo del equipo, treinta y pico, alto, con esa sonrisa que te moja. Somos cercanos, eh… compartimos almuerzos, bromas subidas de tono. Siempre ha habido química, pero nada serio. Hasta ese viernes.

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Después de un catering con demasiado vino tinto, la oficina se vació para la siesta. Nos quedamos los tres en la sala de reuniones, revisando expedientes. El aire acondicionado zumbaba, pero hacía calor. Nuestros pies se rozaban bajo la mesa, accidental al principio. Miradas largas, eh… Pedro me guiñó un ojo, Javier se mordió el labio. ‘María, ¿estás bien? Te noto… inquieta’, dijo Pedro, su mano en mi rodilla. Sentí el calor subiendo por mis muslos. ‘Sí, es que… me ponéis nerviosa los dos’, balbuceé, riendo nerviosa. Javier se acercó, su aliento en mi cuello. ‘Sabes que nos gustas, ¿verdad?’. El corazón me latía fuerte, el riesgo de que alguien entrara… puro subidón.

La tensión subiendo entre expedientes y miradas

Cerré la puerta con llave, el clic resonó. ‘Chicos, no aguanto más. Quiero que me foléis los dos, aquí mismo. Pero rápido, antes de que vuelva el jefe’. Pedro tragó saliva, Javier sonrió lobuno. Nos miramos, el silencio cargado. Sus manos ya en mis tetas, apretando sobre la blusa. Desabroché botones, mi sujetador negro asomando. ‘Joder, María, qué puta estás’, murmuró Pedro, besándome el cuello. Javier me bajó la falda, sus dedos rozando mi tanga húmeda. Olía a sexo ya, mi coño palpitando.

Me puse de rodillas entre ellos, pollas fuera. La de Pedro, gruesa, venosa, con ese olor masculino. La de Javier, larga, recta, goteando pre-semen. ‘Mmm, dadme vuestras pollas’, gemí. Chupé la de Pedro primero, lengua en el glande, aspirando fuerte. Él gruñó, mano en mi pelo. Luego Javier, metiéndomela hasta la garganta, tosiendo un poco. Intenté las dos juntas, labios estirados, saliva chorreando. ‘Joder, qué buena boca tienes’, jadeó Javier. Pedro se puso detrás, lamiéndome el culo, lengua en mi ano rosado. ‘¿Te gusta que te coma el ojete?’, preguntó. ‘Sí, métemela profunda’, supliqué, arqueando la espalda.

El sexo brutal sin filtros ni piedad

Cambié, a cuatro patas sobre la mesa. Javier en mi boca, Pedro lamiendo mi coño depilado, labios hinchadas y mojadas. ‘Estás chorreando, puta’, dijo, metiendo dos dedos. Gemí con la polla en la boca. Luego, Pedro se colocó atrás, frotando su polla en mi raja. ‘Te voy a follar el coño primero’. Entró de un empujón, llenándome, mis paredes apretándolo. Javier me follaba la boca, bolas en mi barbilla. ‘Cámbienme’, pedí. Javier al coño, más largo, tocando el fondo. Pedro a mi culo, escupiendo para lubricar. ‘¿Quieres polla en el culo?’, ‘Sí, rómpemelo’. Su glande abriendo mi anillo, dolor-placer, grité bajito. Los sentía a los dos dentro, fina pared separándolos, follándome sincronizados. Sudor goteando, mesa crujiendo.

‘Voy a correrme’, avisó Pedro, acelerando en mi culo. ‘Sácala, en mi cara’. Se sacó, lechada espesa en mis labios, tragando lo que pude. Javier me volteó, amazona en su polla, coño tragándosela. Reboté fuerte, tetas saltando. ‘Fóllame más’, ordené. Pedro, ya duro otra vez, se acercó. ‘Ahora los dos en el coño?’. No cabían, pero lo intentamos, estirándome al límite. Orgasmos nos barrieron: yo chillando, coño contrayéndose, ellos llenándome de porra, chorreando por mis muslos.

Jadeando, nos vestimos rápido. Limpié con toallitas, olor a semen impregnado. ‘Ni una palabra’, susurré, besándolos. Salimos por separado, yo primero, sonrisa fingida. Volví al escritorio, piernas temblando, coño dolorido. Ellos, como si nada, tecleando. Pero en las miradas, complicidad eterna. Mañana, más expedientes… y quién sabe.

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