Follada salvaje en la oficina: Mi polvo prohibido con el compañero

Trabajo en una oficina grande, de esas con cubículos y mucho ajetreo. Soy Carmen, española de pura cepa, alta, con curvas que no pasan desapercibidas. Me encanta el riesgo, esa adrenalina de follar donde no se debe. Hoy te cuento lo del otro día con Raúl, mi compañero del departamento contable. Un tío maduro, unos cincuenta, moreno, con esa mirada que promete guerra.

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Estábamos revisando unos expedientes en mi mesa. Él se acerca mucho, su rodilla roza la mía bajo la mesa. ‘Carmen, mira este número…’, dice, pero sus ojos van directos a mi escote. Llevo una blusa ajustada, sin sujetador, los pezones duros por el aire acondicionado. Sonrío, cruzo las piernas despacio, mi falda plisada sube un poco. Él traga saliva, se pasa la mano por el cuello de la camisa. ‘¿Qué pasa, Raúl? ¿Te distraigo?’, le suelto bajito, con voz ronca.

La tensión sube entre papeles y miradas

La oficina bulle: teléfonos, teclados, gente pasando. Pero entre nosotros, el aire se carga. Su mano roza mi muslo ‘por accidente’ al señalar un folio. Siento su calor, el pulso acelera. ‘Ven, vamos a la sala de archivos, ahí está el original’, me dice, voz temblorosa. Asiento, cojo los papeles. Caminamos por el pasillo, su culo prieto en los pantalones me hipnotiza. Entramos, cierra la puerta. Clic. Espacio privado. Olvidado el mundo.

Ya dentro, entre estanterías polvorientas, me empuja contra la pared. ‘Joder, Carmen, me tienes loco todo el día’, gruñe, besándome el cuello. Sus manos suben por mis tetas, aprietan fuerte. Gimo bajito, ‘Shh, nos van a oír…’. Pero arqueo la espalda, meto mano en su pantalón. Su polla salta dura, gorda, venosa. ‘Mira qué pedazo de verga tienes’, le digo, masturbándola lento. Él jadea, mete dedos bajo mi falda. ‘Sin bragas, puta… estás empapada’. Sí, mi coño chorrea, hinchado de ganas.

El polvo brutal y sin filtros

Me gira, levanto la falda. ‘Fóllame ya, cabrón’, susurro. Escupe en su mano, moja la polla y me la clava de un golpe. ¡Ay! Duele y encanta. Entra hasta el fondo, mi coño se estira alrededor de esa tranca. Me agarra las caderas, bombea fuerte, salvaje. Plaf, plaf, plaf. El sonido húmedo resuena, su pubis choca mi culo. ‘¡Qué coño tan apretado, joder!’, gime. Yo me muerdo el labio, tetas rebotando, sudor goteando. Siento cada vena frotando mis paredes, el glande besando mi cervix. ‘Más duro, rómpeme’, le pido, voz entrecortada.

Cambia ritmo, me dobla más, una mano en mi clítoris, frotando circles rápidos. Explosión. Mi coño se contrae, chorro de jugos por mis muslos. ‘Me corro… ¡ahhh!’, ahogo el grito en mi brazo. Él acelera, ‘Toma mi leche, zorra’. Siento los chorros calientes llenándome, espeso, abundante, goteando fuera. Se queda clavado, palpitando dentro, los dos jadeando. Olor a sexo crudo, sudor, semen. Corazón a mil, oímos voces fuera. Mierda, casi nos pillan.

Se aparta despacio, polla chorreante. Cojo kleenex de mi bolso, me limpio el coño rápido, ajusto falda. Él se sube el pantalón, cierra cremallera. ‘Vaya polvo, Carmen…’. Sonrío, ‘Ni una palabra’. Salimos por separado. Vuelvo a mi mesa, abro Excel como si nada. Él pasa minutos después, guiño cómplice. Nadie nota el rubor, el pelo revuelto. Reanudamos la jornada, pero mi coño palpita aún, recordando. Adrenalina total. Mañana, ¿repetimos?

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