Follada en la oficina: Mi polvo prohibido con el compañero de al lado

Ay, chicas, os voy a contar lo que me pasó el otro día en la oficina. Trabajo en un bufete de abogados aquí en Madrid, soy una morena de 28 años, culito prieto y tetas pequeñas pero firmes, como dice mi ex. Ese día estábamos hasta las tantas, organizando expedientes para una auditoría gorda. Mi compañero Pablo, un tío alto, como de 1,90, un poco rellenito pero con esa cara de pillo que me pone… Bueno, él es el que está en el cubículo de al lado, siempre con sus bromas subidas de tono.

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Estábamos solos en la planta, el resto se había pirado a casa. Yo con mi falda lápiz negra, ajustada, y blusa blanca medio desabotonada por el calor. Él me mira mientras apilo carpetas… eh… sus ojos se clavan en mis tetas, en mis piernas. ‘Nena, ¿necesitas ayuda con eso?’, me dice con voz ronca, acercándose demasiado. Siento su aliento en mi cuello, huelo su colonia fuerte, masculina. Mi coño se moja un poco, joder. Le sonrío, nerviosa, ‘Pablo, compórtate, que nos pueden pillar’. Pero no me aparto. Nuestras manos se rozan al coger el mismo dossier, electricidad pura. El corazón me late fuerte, adrenalina a tope.

La tensión sube entre carpetas y miradas calientes

De repente, cierra la puerta del despacho con pestillo. ‘Solo un rato, para charlar tranquilos’, murmura. El espacio se hace íntimo, el aire cargado. Me empuja contra la mesa, sus manos en mi cintura. ‘Llevo meses fantaseando con esto’, susurra, besándome el cuello. Yo gimo bajito, ‘Pablo… es una locura…’. Pero le devuelvo el beso, lenguas enredadas, salvajes. Su polla ya dura contra mi muslo, enorme. Le bajo la cremallera, la saco… Dios, gruesa, venosa, palpitante. ‘Mírala, para ti’, dice. Yo tiemblo, excitada como una puta.

El polvo brutal: polla en el culo y orgasmos locos

Me sube la falda, rompe mi tanga de un tirón. ‘Qué coño tan mojado, zorra’, gruñe, metiendo dos dedos. Grito ahogada, ‘¡Sí, fóllame ya!’. Pero le digo, ‘No en el coño, guárdamelo… usa mi culo’. Él ríe, ‘Perfecto, tu culito es mío’. Me gira, me pone a cuatro patas sobre la mesa, expedientes volando. Escupe en mi ano, lo lame… joder, su lengua caliente entrando, me vuelve loca. ‘Relájate, puta’, mete un dedo, luego dos. Duele un poco, pero el placer… uf. Siento su glande gordo presionando mi roseta. ‘Despacio…’, pido, jadeando. Empuja, el anillo cede, ‘¡Aaaah!’, grito. Entra entera, me llena las tripas. Empieza a bombear, fuerte, bestial. ‘¡Toma polla en el culo!’, me taladra, sus huevos golpeando mi clítoris. Yo me corro ya, chorros de jugo por las piernas. Él me agarra las tetas, pellizca pezones, ‘¡Córrete, guarra!’. Sudor, olor a sexo, la mesa cruje. Me folla sin piedad, alterna lento y rápido, me hace gritar. ‘Me voy a correr dentro’, avisa. ‘¡Sí, lléname el culo de leche!’, suplico. Gime como animal, explota, semen caliente inundándome. Yo exploto otra vez, visión borrosa, piernas temblando.

Al final, nos quedamos jadeando, su polla aún en mi culo, chorreando. Se la saca despacio, veo el semen goteando. Me limpia con kleenex, besos suaves. ‘Joder, ha sido brutal’, dice riendo. Yo, aún temblorosa, ‘Ni una palabra, ¿eh?’. Nos arreglamos rápido, ropa arrugada pero pasable. Limpiamos la mesa, volvemos a los cubículos como si nada. Él me guiña ojo, ‘Mañana más expedientes?’. Sonrío pícara. Afuera, los de seguridad rondan… casi nos pillan. Adrenalina total. Ahora cada vez que lo veo, mi culo palpita recordándolo. Soy una viciosa del riesgo laboral.

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