Trabajo en una oficina grande en el centro, de esas con vistas a los rascacielos. Hoy era viernes, tarde, y mi jefe, Jonathan, me llamó para revisar unos dossiers. ‘Ven a mi despacho, nena’, me dijo por el móvil, con esa voz grave que me pone la piel de gallina. Entré, él estaba sentado, corbata floja, manga arremangada. Olía a su colonia fuerte, mezclada con café. La nueva, Charlène, ya estaba ahí, con su falda corta y blusa casi transparente. Se incorporó hace una semana, morena, curvas perfectas, mirada de puta en celo.
Nos sentamos alrededor de la mesa, papeles por todos lados. ‘Mira esto’, dijo él, acercándose mucho, su rodilla rozando la mía. Yo sentía el calor subiendo, el coño empezando a humedecerse. Charlène sonreía, cruzando las piernas, dejando ver un poco de encaje negro. ‘Eh… estos números no cuadran’, balbuceé, pero mis ojos iban a su escote. Jonathan me miró fijo, ‘Tú sabes lo que me gusta arreglar tensiones, ¿verdad?’. Cerró la puerta con llave. Click. El espacio se volvió nuestro, privado, el aire cargado. Su mano bajó a mi muslo, subiendo despacio. ‘Joder, qué suave’, murmuró. Charlène se mordió el labio, ‘Yo también quiero…’. El corazón me latía fuerte, pensando en que cualquiera podía llamar.
La tensión sube entre papeles y miradas calientes
No aguanté más. Me levanté, le desabroché el pantalón. Su polla saltó dura, gruesa, venosa. ‘Mmm, jefe, qué pedazo de verga’. Me arrodillé, la chupé profundo, lengua alrededor del glande, saliva goteando. Él gemía bajito, ‘Sí, cabrona, trágatela toda’. Charlène se acercó, sacó sus tetas grandes, pezones duros. ‘Déjame a mí’, dijo, y se turnó lamiendo sus huevos peludos. Jonathan nos agarró el pelo, ‘Putas de oficina, me vais a follar el alma’. La puse sobre la mesa, le subí la falda. Sin bragas, coño rasurado, chorreando. Metí dos dedos, ‘Estás empapada, zorra’. Ella jadeaba, ‘Fóllame ya, por favor… ahh’. Él se colocó detrás de mí, bajó mis leggings, escupió en mi culo. ‘Te voy a partir el ojete’, gruñó, y empujó su polla gorda. Dolor y placer, me abrí como una puta.
El polvo brutal y sin frenos en el despacho
Charlène abrió las piernas, ‘Chúpame el coño mientras te folla’. Me tiré a su clítoris hinchado, succionando, lengua dentro, saboreando su jugo salado. Jonathan martilleaba mi culo, ‘Toma, toma polla en el culo, perra’. Cambiamos: él la penetró vaginal, yo le lamí el ano a ella, metiendo dedo. ‘Joder, qué puta eres’, gritó Charlène, corriéndose, squirt en mi cara. Yo monté a Jonathan, polla en coño, rebotando, tetas saltando. ‘Más fuerte, cabrón’. Charlène se puso detrás, escupió en mi culo y metió su dedo, luego dos. ‘Te voy a hacer gritar’. Adrenalina pura, sudando, oliendo a sexo, pollas y coños chocando. Él explotó dentro, leche caliente llenándome. Yo me corrí temblando, ‘¡Me vengo, joder!’. Charlène se masturbó viéndonos, chorro en la mesa.
Jadeando, sudor por todos lados. ‘Hostia, qué pasada’, dijo él, besándome. Nos limpiamos rápido con kleenex, oliendo a semen y coño. Charlène se arregló el pelo, ‘Nadie se ha enterado, ¿eh?’. Sonreímos, nerviosos. ‘Venga, volvamos al trabajo’, ordenó Jonathan, sentándose. Abrí los dossiers, ‘Estos números… ahora sí cuadran’. Charlène anotó, yo tecleé. Como si nada. Pero el coño me palpitaba, recordando. Salí del despacho, piernas flojas, sonrisa pícara. Mañana más.