Follada salvaje en la oficina: mi secreto prohibido con el compañero y la jefa

Trabajo en una agencia inmobiliaria aquí en Madrid. Soy Lucía, española de pura cepa, piel morena, tetas grandes y un culo que vuelve locos. Me encanta el riesgo, follar donde no debo, esa adrenalina de que nos pillen. Hace unas semanas, con Pablo, mi compañero, y Marta, la jefa. Todo empezó con miradas. Estábamos revisando dossiers en la sala pequeña, al fondo del pasillo. Olía a café rancio y papeles viejos. Pablo me pasaba un informe, su mano rozaba la mía. ‘Lucía, qué piel tan suave’, murmuró. Me reí, pero sentí un cosquilleo en el coño.

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Marta entró, con su blusa ajustada marcando esas tetas redondas. ‘Chicos, ¿avanzamos?’, dijo, sentándose cerca. Sus ojos claros se clavaron en mí, luego en Pablo. Él nos mostró fotos en su móvil, de una visita anterior. ‘Mirad qué local vacío, perfecto para… desconectar’. Yo vi sus pollas duras en mi mente ya. Hablamos de parejas abiertas, de follar sin tabúes. ‘Yo soy bi desde chica’, soltó Marta, mordiéndose el labio. ‘¿Y tú, Lucía?’. Dudé, ‘Curiosa… mucho’. Pablo sonrió, ‘Yo miro y me pongo como una moto’. La tensión crecía. Puertas cerradas, nadie en la oficina tarde. ‘Quedémonos aquí’, propuso ella. Corazón latiendo fuerte, cerré la puerta con pestillo.

La tensión subiendo entre papeles y miradas

Sus manos en mi cintura, Marta me besó el cuello. ‘Joder, qué ganas’, susurró. Pablo se acercó, nos miró con la polla ya hinchada en el pantalón. Yo le bajé la cremallera, saqué esa verga gruesa, venosa. ‘Mmm, qué polla más rica’, gemí, chupándola despacio. Marta me quitó la blusa, lamió mis tetas. Sus pezones duros contra los míos, frotándose. ‘Tu coño está mojado, ¿eh?’, me dijo, metiendo mano en mi falda. Sí, chorreaba. Le arranqué las bragas, dedos en su chochito depilado, resbaladizo. Ella jadeaba, ‘¡Sí, así, cabrona!’.

Pablo se masturbaba viéndonos. Yo me puse a cuatro, Marta debajo lamiéndome el coño. Su lengua en mi clítoris, chupando fuerte, sorbiendo mis jugos. ‘¡Hostia, qué buena estás!’, gritó. Yo gemía alto, riesgo de que alguien oyera. Pablo no aguantó, me metió la polla de un empujón. ‘¡Fóllame duro!’, le pedí. Entraba y salía, chapoteando en mi coño empapado. Marta se frotaba contra mi cara, su coño en mi boca. Lo lamí todo, clítoris hinchado, sabor salado y dulce. ‘¡Me corro, joder!’, chilló ella primero, temblando, squirteando en mi lengua.

El polvo brutal e intenso sin filtros

Yo exploté después, coño apretando la polla de Pablo. ‘¡Sí, córrete dentro!’, pero él se sacó, nos empapó las tetas con lefa caliente. Sudor por todos lados, respirando agitados. Besos pegajosos, lenguas mezcladas con saliva y semen.

Minutos después, nos limpiamos con kleenex del escritorio. ‘Venga, como si nada’, dijo Marta riendo, ajustándose la falda. Pablo guardó la polla, yo me puse las bragas húmedas. Salimos, volvimos a los ordenadores. ‘Mañana más dossiers’, dije fingiendo normalidad. Pero dentro, el coño aún palpitaba. Nadie sospechó. Adrenalina total, quiero más.

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