Trabajo en una oficina cutre en el centro de Madrid, rodeada de escritorios grises y el zumbido constante de los ordenadores. Soy Laura, 32 años, secretaria con curvas que no paso desapercibida. Hoy… uf, hoy ha sido uno de esos días que no se olvidan. Mi compañero, Pablo, el del marketing, alto, moreno, con esa sonrisa de lobo. Llevamos semanas con miraditas, roces ‘accidentales’ al pasar papeles. ‘Oye, Laura, ¿me das ese informe?’, dice él, y sus ojos se clavan en mis tetas bajo la blusa ajustada. Yo sonrío, mordiéndome el labio. ‘Claro, Pablo… aquí está’. Siento el calor subiendo por mis muslos.
La mañana avanza lenta, entre cafés y reuniones aburridas. Pero la tensión… Dios, se nota en el aire. Él se acerca a mi mesa, se inclina demasiado. Su colonia me invade, mezcla de madera y macho. ‘Necesito revisar unos dossiers contigo, en la sala de atrás’, murmura, voz ronca. Asiento, corazón latiendo fuerte. La sala pequeña, con estanterías llenas de carpetas polvorientas, puerta con pestillo. Entramos, cierro. El clic del pestillo suena como un disparo. Nos miramos. ‘Pablo, esto… ¿está bien?’, digo yo, pero mi mano ya roza su brazo. Él se acerca, aliento caliente en mi cuello. ‘Joder, Laura, llevo semanas con la polla dura pensando en ti’. Sus labios rozan mi oreja, y yo… me derrito. Manos en mi cintura, me aprieta contra la pared. Beso salvaje, lenguas enredadas, saliva mezclada. Siento su erección contra mi vientre. ‘Quieta, que nos pillan’, susurro, pero mis caderas se mueven solas.
La tensión sube entre papeles y miradas calientes
Ya no hay vuelta atrás. Sus manos bajan mi falda, tanga al suelo. ‘Mira cómo estás de mojada, puta’, gruñe, dedo en mi coño chorreante. Gimo bajito, mordiéndome la mano. Le bajo el pantalón, polla gruesa, venosa, goteando precum. ‘Fóllame ya, Pablo, no aguanto’. Me gira, culazo al aire contra la mesa. Escupe en mi raja, dedo en el culo jugando. ‘Vas a gritar, zorra’. Empuja, polla entera de un golpe. ¡Joder! Llenándome hasta el fondo, coño ardiendo estirado. Bombeos duros, pelotas golpeando mi clítoris. ‘¡Sí, así, cabrón! Más fuerte’. Sudor goteando, olor a sexo crudo, papeles volando. Me agarra las tetas, pellizca pezones duros. Cambio: me sube a la mesa, piernas abiertas. Entra de nuevo, misionero brutal. ‘Mírame mientras te reviento el coño’. Ojos fijos, follo como loca, uñas en su espalda. ‘Me vengo… ¡ahhh!’. Él acelera, ‘Toma mi leche, puta’. Chorros calientes dentro, sin condón, empapándome.
Jadeamos, pegados, semen bajando por mis muslos. ‘Hostia, Laura, ha sido… increíble’, dice él, besándome suave. Me limpio rápido con kleenex, olor a corrida impregnado. Subo tanga, falda. Él pantalón arriba. ‘Venga, volvamos, que el jefe pregunta’. Salimos, caras rojas, pero sonrisas normales. En mi mesa, ‘aquí los informes, Pablo’. Él guiña ojo. Nadie nota nada, pero yo… siento el coño palpitando aún, bragas húmedas. Adrenalina pura, esperando la próxima. Trabajo como si nada, pero ya planeo el siguiente polvo.