Follada prohibida en la oficina: Mi polvo con Carlos entre los expedientes

Uf, chicas… aún tengo el coño palpitando. Trabajo en esta oficina de mierda, mesas pegadas, aire cargado de café y sudor. Hoy con Carlos, el del contable, ese cabrón alto con barba que me pone la piel de gallina. Desde la mañana, sus ojos clavados en mis tetas bajo la blusa blanca. ‘Buenos días, Ana’, dice con voz ronca, rozando mi mano al pasarme el expediente. Joder, un escalofrío me sube por el muslo.

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Todo el día así. Entre reuniones, sus dedos ‘accidentales’ en mi culo al agacharme por papeles. Yo… no sé, le sonrío, muerdo el labio. ‘¿Necesitas ayuda con eso?’, me susurra al oído, su aliento caliente en mi cuello. Mi tanga ya empapada. La tensión crece, el reloj marca las 6, la mayoría se pira. ‘Ven a la sala de archivos, hay un informe urgente’, me dice guiñando. Corazón a mil. Cierro la puerta, clic del pestillo. Espacio nuestro, privado, oliendo a polvo y cartón viejo.

La tensión que sube entre miradas y papeles

No hablamos. Me empuja contra la estantería, boca en mi cuello, mordiendo suave. ‘Joder, Ana, no aguanto más tu culo en esos pantalones’. Le arranco la camisa, siento su pecho duro, vello raspando mis uñas. Manos en mis tetas, aprieta pezones por la blusa. Gimo bajito, ‘Shh, cabrón, nos pillan’. Pero abro las piernas, él baja la cremallera, mi mano en su polla tiesa, gruesa, venosa. ‘Mira cómo la tienes de dura por mí’. La saco, saliva en la punta, chupo el glande, lengua girando. Él gruñe, ‘Así, puta, trágatela toda’. La meto hasta la garganta, babeo, huevos peludos en mi barbilla. Sabor salado, olor a macho.

El polvo brutal y el regreso al curro como si nada

Me pone de rodillas, falda arriba, tanga a un lado. Dedos en mi coño, ‘Estás chorreando, zorra, preparadita para mí’. Dos dedos dentro, chapoteo húmedo, clítoris hinchado frotando su palma. Gimo con la boca llena de polla, ‘Más… fóllame ya’. Me levanta, contra la pared, piernas enroscadas en su cintura. Polla en mi entrada, resbaladiza, empuja de golpe. ‘¡Ahhh! Joder, qué prieta tu concha’. Entra hasta el fondo, vulva estirada, roza mi punto G. Bombeamos fuerte, estanterías tiemblan, papeles caen. Sudor gotea, tetas rebotando libres, blusa rota. ‘Fóllame duro, Carlos, dame polla sin piedad’. Él acelera, pellizca mi clítoris, ‘Voy a llenarte de leche, puta de oficina’. Sensación de plenitud, coño apretando su verga, jugos bajando por muslos.

Casi exploto, orgasmo sube, vientre contrae. ‘Me corro… ¡sííí!’. Chorro en su polla, él gruñe, saca y chorrea semen caliente en mis tetas, barriga. Pegajoso, blanco, oliendo a sexo puro. Respiramos agitados, besos salados. ‘Joder, ha sido brutal’, dice riendo bajito. Rápido: pañuelos del bolso, limpio polla y coño, semen de tetas. Me subo tanga, falda arrugada, blusa abotonada torpe. ‘Vámonos antes que vuelva el jefe’. Puerta abierta, pasillo vacío. Volvemos a mesas, él teclea, yo contesto mails. Sonrisas cómplices, piernas temblando bajo escritorio. Nadie nota nada. Adrenalina aún bombeando, coño sensible rozando silla. Mañana… ¿repetimos? Uf, no sé si aguanto tanta calentura laboral.

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