Follada salvaje en la oficina: Mi secreto prohibido con Lola

Trabajo en este puto despacho de Toulouse desde hace semanas, hundida en proyectos de muebles y vitrags. Lola, mi contacto con los proveedores, es una tía cañón: tetas firmes, culo redondo, siempre con esa falda que se le sube un poco. Hoy volvemos de ver showrooms, sudadas por el calor del sur. Entramos en su oficina para repasar presupuestos. Cierro la puerta, el aire acondicionado zumba bajito.

Nos sentamos pegadas en la mesa, papeles por todos lados. Sus rodillas rozan las mías. ‘Mira esto, Marta, el presupuesto no se pasa’, dice ella, inclinándose. Su perfume me invade, mezcla de sudor y vainilla. Levanto la vista, sus ojos clavados en mí. Sonrío, nerviosa. ‘Joder, Lola, estás… cerca’. Ella ríe, mordiéndose el labio. ‘¿Te molesta?’. Niego con la cabeza, el corazón me late fuerte. Su mano roza mi muslo, ‘accidental’. Siento el calor subir, mis bragas ya húmedas.

La tensión sube entre papeles y miradas

‘¿Sabes que me poneis mucho?’, susurra, su aliento en mi cuello. Me estremezco. ‘Aquí? ¿Y si nos pillan?’. Ella se acerca más, su teta contra mi brazo. ‘Eso es lo que mola, el riesgo’. Le cojo la mano, la aprieto. Nuestros labios se rozan, duda un segundo… y nos besamos. Salvaje, lenguas enredadas, saliva. Sus manos en mi blusa, desabrochando botones. ‘Quítatela, quiero verte’. Me la saco, sujetador negro. Ella gime, ‘Joder, qué tetas’. Las aprieta, pellizca pezones duros.

La mesa se llena de folios revueltos. La empujo contra ella, le bajo la falda. Bragas empapadas. ‘Estás chorreando’, digo, metiendo dedos. Ella jadea, ‘Sí, fóllame ya’. Le arranco las bragas, coño depilado, hinchado. Lo lamo, clítoris palpitante, sabor salado y dulce. ‘Ahhh, Marta, no pares’. Chupa mi lengua mientras yo la como, dedos dentro, tres ya, bombeando. Grita bajito, ‘Me corro… joder’. Tiembla, jugos en mi boca.

El clímax brutal y el regreso al curro

Me pone de pie, me baja los pantalones. ‘Tu turno, puta’. Me abre las piernas, lengua en mi coño. Lame fuerte, aspira clítoris. ‘¡Dios, qué buena estás!’. Meto su cabeza, follo su cara. ‘Más adentro, lame mi culo también’. Lo hace, lengua en el ano, dedos en chocho. No aguanto, exploto: ‘¡Me vengo! ¡Sííí!’. Piernas temblando, chorro en su barbilla.

Pero no paramos. Saca un dildo del cajón, grueso, negro. ‘Esto te va a romper’. Me dobla sobre la mesa, lo mete de un golpe. ‘¡Aaaah, duele rico!’. Empuja duro, polla falsa reventándome. Sus tetas contra mi espalda, pellizca pezones. ‘Toma, zorra de oficina’. Follando como animales, mesa cruje, papeles vuelan. ‘Córrete otra vez’, ordena. Obedezco, grito ahogado. Ella se corre frotándose contra mi culo.

Sudadas, jadeantes. Minutos después, nos miramos. ‘Joder, ha sido… brutal’. Nos vestimos rápido, peinamos con dedos. Recogemos papeles, mesa como nueva. ‘Nadie se enterará’, dice ella, guiñando. Abro la puerta, volvemos al pasillo. Compañeros charlando fuera. Sonreímos, profesionales. ‘Mañana más presupuestos?’. ‘Claro’. Adrenalina aún, coño palpitando. Día normal, secreto guardado.

Leave a Comment