Follada salvaje en la oficina: Mi aventura prohibida con el jefe

Ay, chicas, no os lo vais a creer, pero ayer en la oficina… uf, qué calentón. Trabajo en una gestoría, rodeada de archivadores hasta el techo, y mi jefe, Javier, ese tío alto, con barba de tres días y ojos que te desnudan… Llevábamos semanas con esa electricidad, ¿sabéis? Miradas cruzadas mientras clasificamos facturas. Él pasa por detrás, roza mi hombro ‘sin querer’, y yo siento el calor subiendo por la nuca. ‘Laura, ¿me ayudas con estos expedientes?’, me dice con voz ronca. Claro, jefe.

Entramos en la salita de atrás, esa que nadie usa, llena de cajas polvorientas. Cerramos la puerta, pero no con llave, eh, el riesgo es lo que mola. Nos ponemos a revisar papeles, pero sus manos… dios, rozan las mías al pasar una carpeta. Levanto la vista, él me mira fijo, mordiéndose el labio. ‘Joder, Laura, no aguanto más’, murmura. Yo, con el corazón a mil, susurro: ‘Aquí? ¿Y si entra alguien?’. Pero ya estoy mojada, el tanga pegado al coño. Se acerca, me empuja contra la pared fría de metal, sus labios en mi cuello, oliendo a colonia y sudor masculino. Susurro: ‘Para… o no pares’. Sus manos bajan por mi falda de tubo, aprietan mi culo. ‘Estás empapada’, dice riendo bajito. Le meto la mano en los pantalones, siento su polla tiesa, gruesa, palpitando. ‘Métemela ya’, gimo.

La tensión sube entre papeles y miradas

Me gira de espaldas, contra los archivadores. Sube mi falda, baja el tanga de un tirón. El aire fresco en mi coño chorreante me hace temblar. ‘Qué coñito más rico’, gruñe, y mete dos dedos, chapoteando en mis jugos. Gimo fuerte, tapándome la boca. ‘Shh, calladita o nos pillan’, dice, pero él jadea al oírme. Saca la polla, enorme, venosa, la frota contra mi raja. ‘¿La quieres?’, pregunta. ‘¡Sí, joder, fóllame fuerte!’, suplico. Empuja de golpe, me llena entera, el glande golpeando mi cervix. Ay, el dolor-placer, me arqueo. Empieza a bombear, salvaje, sus pelotas chocando contra mi clítoris. ‘Tu coño aprieta como una puta’, dice entre dientes. Yo: ‘Más, rómpeme, cabrón’. Sudor goteando, papeles cayendo al suelo, el ruido de carne contra carne. Me agarra las tetas por debajo de la blusa, pellizca los pezones duros. Cambio de posición, me sube a una mesa, piernas abiertas. Me come el coño un segundo, lengua en mi ano, chupando mis labios hinchados. ‘Sabes a miel’, dice. Vuelvo a cabalgarlo, su polla hundiéndose hasta el fondo, mis jugos chorreando por sus huevos. Siento el orgasmo venir, ‘Me corro… ahhh’, grito ahogado. Él acelera, ‘Toma mi leche’, y me inunda, caliente, espeso, saliendo por los lados.

Uf, jadeando, nos miramos. Semen bajando por mis muslos. ‘Vístete rápido’, dice limpiándose con un kleenex. Me bajo la falda, arreglo el pelo, coño palpitando aún. Salimos, él delante, yo detrás. En la oficina, todos trabajando. ‘Gracias por la ayuda, Laura’, dice normalito, guiñándome. Yo: ‘De nada, jefe’, sonriendo, con su corrida en las bragas. Toda la tarde sintiendo el morbo, oliendo a sexo. Mañana… ¿repetimos? Dios, qué adicción.

Leave a Comment