Trabajo en una oficina de seguros en Madrid, soy Carmen, 42 años, casada con Pablo desde hace 20. Somos abiertos, nos flipa el morbo del intercambio, pero en el curro brivo el interdit total. Adoro esa adrenalina de follar y que te pillen. El viernes pasado, Víctor, el becario nuevo de 20 años, tímido pero con ojos de lobo, empezó a rondar mi mesa. Alto, moreno, pectorales marcados bajo la camisa. ‘Carmen, ¿me ayudas con estos expedientes?’, dice con voz temblorosa. Le sonrío, noto su mirada clavada en mis tetas, que hoy llevo escotadas. ‘Claro, ven, vamos a la sala de archivos’. Caminamos por el pasillo, roces ‘accidentales’, su mano en mi culo un segundo. El corazón me late fuerte, la oficina medio vacía por la tarde.
Entramos en la sala, puerta con pestillo. Cierro, clic. ‘Aquí estamos solos’, murmuro. Él se pone rojo, pero su polla ya abulta los pantalones. ‘Víctor, ¿te pongo nervioso?’, le digo rozándole el brazo. Baja la vista, ‘Un poco… eres tan…’. No acaba. Me acerco, huelo su colonia fresca. Nuestras miradas se cruzan, el aire pesa. Le cojo la mano, la pongo en mi teta. ‘Tócala’. Suspira, aprieta suave. Yo bajo la mano a su bragueta, dura como piedra. ‘Joder, qué polla tienes’, digo bajito. Él gime, ‘Carmen, ¿y si alguien…’. ‘Calla, eso me pone más’. Nos besamos, lenguas salvajes, saliva. Su mano mete por mi falda, dedos torpes en mi tanga empapada. ‘Estás chorreando’, dice sorprendido. Río, ‘Por ti, chaval’.
La tensión sube entre expedientes y miradas
Le bajo el pantalón, polla saltando, gorda, venosa, capullo brillando pre-semen. ‘Mmm, qué rica’, la cojo, masturbo lenta. Él jadea, ‘Para, me corro ya’. Ignoro, acelero. Gruñe, leche caliente chorrea en mi mano, salpica mi blusa. ‘Joder, puñetero virgen’, digo riendo. Limpio con la lengua, sabor salado. Le empujo contra la mesa, le bajo el bóxer del todo. Me arrodillo, chupada profunda, garganta hasta las huevos. Él agarra mi pelo, ‘¡Ah, coño!’. Su polla crece más, dura. Me levanto, me bajo la falda, tanga a un lado. ‘Fóllame ya’. Se pone detrás, empuja, entra de golpe en mi coño mojado. ‘¡Qué prieta estás!’, gime. Bombeamos fuerte, mesa cruje, papeles vuelan. Sudor, olor a sexo. Cambio, me subo encima, cabalgo salvaje, tetas rebotando. ‘¡Más fuerte, joder!’. Él aprieta mi culo, dedo en mi ano. ‘¿Te mola el culo?’. ‘Sí…’. Lubrico con mi coño, se la meto por el ojete. Grita, ‘¡Duele! ¡Pero sigue!’. Empujo despacio, luego follo anal bestial. Él se corre dentro, yo exploto en squirt, charco en el suelo.
Pablo sabe de mis aventuras, le conté por WhatsApp. Pero aquí, adrenalina pura. Oimos pasos fuera, paramos jadeando. Rápido, nos vestimos, semen goteando muslo. Abro puerta, simulamos buscar papeles. ‘¿Todo bien?’, pregunta un compañero. ‘Sí, sí’, digo con sonrisa falsa, coño palpitando. Víctor sale rojo, polla marcada aún. Volvemos mesas como si nada, pero nos miramos, promesa de más. Fin de jornada, él se va, yo me corro pensando en su leche en mi culo. Mañana, oficina normal… o no.