Follada salvaje en la oficina con mi compañero Víctor

¡Hola! Después de pensarlo mucho, eh… me lanzo. Esto pasó el año pasado, en pleno julio, en mi curro de oficina en Valencia. Yo, María, 45 tacos, rubia, 1,69, con un culo redondo que vuelve locos y unas tetas pequeñas pero firmes, 95B. Mi novio flipa con mis nalgas, dice que son perfectas. Trabajo de administrativa, pero soy una puta viciosa que adora el morbo en el tajo, el riesgo de que nos pillen…

Ese día, sesión con Víctor, mi compañero del departamento contable. Alto, unos 50, ojos que te desnudan. Venía con unos expedientes para revisar, su hijo pequeño esperaba en la zona de espera jugando con el móvil. Yo llevaba falda lápiz negra, ajustada, que me marca el culo como un guante, y blusa blanca semi-transparente. Mientras revisábamos papeles en mi mesa, notaba sus ojos clavados en mis tetas, luego bajando a mi falda. Me agaché a por una carpeta del suelo, y zas, sentí su mirada quemándome las nalgas. El tanga se me había subido, marcando la raja. Me quedé un segundo así, arqueando la espalda… él carraspeó, ‘María, eh… ¿vamos al almacén a ver los archivos antiguos? Más tranquilos’. Su voz ronca, yo tragué saliva, ‘Vale, Víctor, vamos’. El corazón me latía fuerte, adrenalina pura.

La tensión entre carpetas y miradas ardientes

Entramos al cuartito del fondo, lleno de estanterías con cajas, puerta entreabierta. Olía a papel viejo y tinta. Cerré un poco, pero no del todo, por si alguien pasaba. ‘Sobre el expediente de tu hijo… no presiones tanto al crío’, le dije seria. Pero sus ojos bajaron a mi falda. Me pilló mirándolo la polla abultada en los pantalones. Dudé, mordiéndome el labio… ‘Joder, Víctor, ¿qué miras tanto?’. Él sonrió lobuno, se acercó. ‘Tu culo, María, es una puta tentación’. Me cogió las muñecas, las puso detrás de mi espalda con una mano, firme pero suave. Me cambré, mis pezones duros pinchando la blusa. ‘¿Quieres que pare?’, murmuró en mi oreja, aliento caliente. ‘No… sigue’, gemí bajito.

Su mano libre bajó por mi falda, la levantó hasta la cintura. Dedos rozando mi monte, apartó el tanga. ‘Estás empapada, zorra’. Metió un dedo en mi coño, resbaladizo de jugos, frotó el clítoris hinchado. ‘Ahhh… sí, más fuerte’, jadeé. Empujé la cadera, su dedo entró hasta el fondo, chup-chup húmedo. Sacó, me giró contra la pared fría, manos arriba. Tendí el culo, ofreciéndome. Manoseó mis nalgas, las abrió, dedo en la raja rozando el ano. ‘Quiero follarte ya’. Me quité la blusa, tetas al aire, pezones tiesos. Él sacó la polla, gorda, venosa, cabezota morada palpitando. Me arrodillé, la chupé voraz, lengua en el frenillo, tragué hasta la garganta. ‘Joder, qué boca’, gruñó agarrándome el pelo.

El polvo brutal y sin filtros en el cuarto privado

Me puse de pie, besándolo con sabor a polla. Me giré, manos en una estantería, culo en pompa. ‘Fóllame, Víctor, métemela toda’. Agarró mis caderas, polla en mi raja, frotó el coño abierto. Entró de un empujón, hasta los huevos. ‘¡Puta madre, qué apretado!’, rugió. Embestidas brutales, plaf-plaf mis nalgas contra su vientre, polla rozando paredes, clítoris en llamas. ‘Más… rómpeme el coño… ahhh’. Sudor goteando, tetas botando, mordí mi labio para no gritar. Él aceleró, ‘Me corro…’. Chorros calientes de leche llenándome, gimiendo en mi cuello.

Se apartó rápido, polla chorreando. ‘Joder, María, hemos tardado demasiado’. Nos arreglamos a toda prisa, falda bajada, blusa abotonada, semen escurriendo por muslos. Salimos, él al niño, yo a mi mesa. Sonrisas cómplices, como si nada. El resto del día, coño palpitando, cabeza en el morbo. Al llegar a casa, me tiré en el sofá, dedos en el clítoris, reviviendo la follada… exploté en segundos, gritando su nombre. Desde entonces, cruces de miradas calientes en la oficina, pero sin más. ¿Este verano repetimos?

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