Ay, chicas, os cuento lo que me pasó el otro día en la oficina, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Trabajo en un despacho grande, lleno de mesas pegadas, con ese rollo corporativo de siempre. Yo soy María, la tía abierta que no se corta un pelo, me flipa el morbo de follar donde no toca, esa adrenalina de que te pillen… uf.
Estábamos mi compañero Pablo y yo, currando en un proyecto gordo. Él es alto, con esa barba de tres días que me pone, ojos que te desnudan. Toda la mañana mirándonos por encima de los dossiers. ‘Pásame el informe ese’, me dice, y su mano roza la mía. Calorazo. Yo le sonrío, mordiéndome el labio, y él se aclara la garganta, eh… ‘María, cierra la puerta un momento, que hay corrientes’. El despacho se queda privado, solo nosotros dos, el aire cargado. Se acerca, huele a colonia fuerte, y me susurra ‘Joder, no aguanto más viéndote así con esa falda’. Sus manos en mi cintura, yo me pego a él, sintiendo su paquete duro contra mi tripa. ‘Pablo, nos van a oír…’, digo, pero ya estoy mojada perdida.
La tensión sube entre papeles y miradas
No aguanta, me empuja contra la mesa, papeles volando. Me sube la falda, rasga el tanga de un tirón. ‘Mira cómo tienes el coño chorreando’, gruñe, metiendo dos dedos directo, removiendo fuerte. Gimo bajito, mordiéndome el puño. Se baja los pantalones, saca esa polla gorda, venosa, tiesa como una barra. ‘Chúpamela, puta’, me ordena, y yo de rodillas, la engullo hasta la garganta, saliva por todos lados, mamándola con hambre, bolas en la mano apretando. Él jadea ‘Sí, así, trágatela toda’. Me pone de pie, me abre las piernas sobre la mesa, y ¡zas!, me la clava de un golpe seco hasta el fondo. ‘¡Joder, qué prieta estás!’, grita bajito. Me folla brutal, embestidas salvajes, el culo rebotando contra su pelvis, clack-clack. Yo araño la mesa, ‘Más duro, cabrón, rómpeme el coño’. Cambia, me gira, a cuatro patas, metiendo polla en el ano sin piedad, lubricado solo con mi flujo. Duele rico, grito ahogado, él me tapa la boca. ‘Cállate o nos pillan’. Siento su verga hinchándose, palpando mis paredes, sudando los dos, olor a sexo puro. Me corro primero, temblores, coño contrayéndose, chorros calientes. Él no para, me machaca hasta que explota: ‘Me corro, toma mi leche’, y me inunda el culo de porra espesa, goteando piernas abajo.
Uf, jadeando, sudor pegajoso. Se aparta, polla aún goteando, me limpia con su pañuelo. ‘Vístete rápido, María, que viene la reunión’. Yo me bajo la falda, arreglo el pelo, recojo papeles como si nada. Él se sube el pantalón, cierra cremallera, sonrisa pícara. ‘Buen curro, ¿eh?’. Salimos, volvemos a las mesas, yo sentada con el culo ardiendo, lleno de su semen. Nadie nota nada, solo guiños disimulados. Toda la tarde trabajando normal, pero yo reviviendo cada embestida, deseando más. Esa sensación de secreto, de volver al curro como si no hubiera pasado… me pone a mil. ¿Repetimos mañana?