Follada salvaje en la oficina: mi secreto prohibido con Javier

Estaba en la oficina, ya tarde, solo Javier y yo quedamos para acabar ese puto informe. El resto se había pirado. Él, mi compañero de departamento, mayor que yo, con esa mirada que siempre me ponía cachonda. Yo, con mi falda ajustada y blusa medio desabotonada, sentía el calor subiendo. Triábamos papeles en mi mesa, rozando las manos. ‘Perdón’, murmuró, pero su dedo se quedó un segundo más en mi piel. Le miré, mordiéndome el labio. Silencio pesado. Nuestros ojos se clavaron. Sentí mi coño humedeciéndose. ‘¿Todo bien?’, preguntó, voz ronca. Asentí, pero crucé las piernas fuerte, restregando el clítoris contra la tela.

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Él se acercó más, fingiendo mirar el dossier. Su aliento en mi cuello. ‘Joder, hueles genial’, soltó bajito. Me giré, nuestras caras a centímetros. ‘Shh, podrían oírnos’, susurré, pero mi mano ya iba a su muslo. Duro como piedra. La oficina vacía, pero el riesgo… uf, eso me volvía loca. ‘Cierra la puerta’, le dije, voz temblorosa. Se levantó, clic del pestillo. Ahora éramos solos. Espacio privado. Se volvió, ojos de lobo. Me empotró contra la mesa, besándome salvaje. Lenguas enredadas, saliva, gemidos ahogados. Sus manos bajaron mi falda, palpando mi culo. ‘Sin bragas, ¿eh? Puta viciosa’, gruñó. Sí, las había quitado antes, pensando en esto.

La tensión sube entre papeles y miradas calientes

No aguanté. Le bajé los pantalones. Su polla saltó, gorda, venosa, tiesa como una barra. ‘Mira lo que me haces’, dijo, agarrándomela. La chupé ahí mismo, de rodillas entre papeles. Boca llena, lengua lamiendo el glande, salado. Él gemía: ‘Joder, chúpala más hondo’. La metí hasta la garganta, tosiendo, babas cayendo. Me levantó, me sentó en la mesa. ‘Abre las piernas, quiero tu coño’. Lo abrí todo, mojada perdida. Me miró: ‘Estás chorreando, zorra’. Su lengua atacó mi clítoris, chupando fuerte. Dedos dentro, dos, tres, follando mi agujero. Grité bajito: ‘¡Sí, así, no pares!’. Orgasmo rápido, piernas temblando, jugos en su cara.

El polvo brutal y el regreso al curro como si nada

‘Ahora te follo’, rugió. Me puso a cuatro patas sobre el escritorio, papeles volando. Su polla rozó mi entrada, caliente, enorme. Empujó de golpe. ‘¡Aaaah!’, chillé. Me llenaba entera, estirándome. ‘Qué coño tan apretado’, jadeó, clavándome hasta los huevos. Ritmo brutal, plaf plaf, sudor goteando. Agarraba mis tetas, pellizcando pezones. ‘Más fuerte, jódeme duro’, supliqué. Me dio nalgadas, rojo mi culo. Cambió: me tumbó boca arriba, piernas sobre hombros. Me machacaba, polla entrando-salida, coño ardiendo. ‘Me corro, puta’, avisó. ‘Dentro, lléname de leche’. Eyaculó chorros calientes, profundo. Yo exploté otra vez, uñas en su espalda, visión borrosa.

Jadeando, se salió. Semen chorreando de mi coño. Nos miramos, sonrisas culpables. ‘Ha sido… increíble’, murmuró, besándome suave. Limpié rápido con kleenex, me subí la falda. Él se abrochó. ‘Venga, acabemos el informe’. Ordenamos papeles, sentados como si nada. Puerta abierta, volvimos al trabajo. Nadie sospechó. Pero cada mirada suya… uf, ya quiero más. La adrenalina de casi ser pillados, el olor a sexo en el aire. Mañana, igual.

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