Follada salvaje en la oficina: Mi secreto con el jefe de RRHH

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Soy Carmen, secretaria en esta empresa de logística en Madrid. Trabajo codo con codo con Javier, el jefe de recursos humanos. Alto, moreno, con esa sonrisa que te deshace. Llevamos semanas con estos roces, miradas que queman. Hoy, tarde, solos en su despacho revisando expedientes de fin de año. La puerta entreabierta, colegas en el pasillo charlando.

‘Pásame ese dossier, Carmen’, dice él, su voz ronca. Me inclino sobre la mesa, mi falda plisada sube un poco, noto su mirada en mis muslos. El aire huele a su colonia, madera y sudor leve. Nuestras manos se rozan al pasar los papeles. ‘Eh… perdona’, murmuro, pero no retiro la mía. Él aprieta un segundo, sus dedos calientes. El corazón me late fuerte. ‘Cierra la puerta, ¿vale? Para concentrarnos’, sugiere, y yo obedezco. Clic del pestillo. Ahora es privado, pero oigo risas fuera. Adrenalina pura.

La tensión sube entre papeles y miradas

Se acerca por detrás mientras archiva. Su aliento en mi cuello. ‘Hueles jodidamente bien’, susurra. Giro la cabeza, nuestros labios casi se tocan. Sus manos en mi cintura, bajan despacio a mis caderas. Siento su polla dura presionando contra mi culo. ‘Javier… ¿y si entra alguien?’, digo, voz temblorosa, pero arqueo la espalda. Él ríe bajito. ‘Eso es lo que mola, el riesgo’. Me gira, me besa con hambre, lengua dentro, mordiendo mi labio. Manos por todas partes. Desabrocha mi blusa, mis tetas saltan libres, pezones duros como piedras. Él gime, los chupa, muerde suave. ‘Joder, qué ricas’. Yo le bajo el pantalón, zipper rasgando el silencio. Su polla sale tiesa, gruesa, venosa, goteando ya. La agarro, masturbo lenta, siente el calor.

El polvo brutal sobre el escritorio

No aguanto más. Me arrodillo, suelo duro contra rodillas. ‘Quiero chupártela toda’, digo mirándolo. Abro la boca, lamo el glande salado, circulo la lengua. Él agarra mi pelo. ‘Sí, así, puta buena’. La meto entera, garganta profunda, babeo por los lados. Succiono fuerte, bolas en mi mano, masajeo. ‘Me vas a hacer correrte ya’, gruñe. Me levanto, me subo a la mesa, expedientes vuelan. Falda arriba, braga a un lado. Mi coño mojado, hinchado, listo. ‘Fóllame fuerte, Javier, métemela hasta el fondo’. Él no espera, empuja de un golpe. ‘¡Ahhh! Joder, qué prieta estás’. Polla gruesa abriéndome, rozando paredes. Empieza a bombear, lento primero, luego bestia. Pla pla pla, carne contra carne. Sus manos en mis tetas, pellizca pezones. Yo gimo alto, ‘Más, cabrón, rómpeme el coño’. Sudor gotea, olor a sexo invade. Me dobla, piernas en hombros, clava hondo. Siento el orgasmo venir, coño contrayéndose. ‘Me corro… ¡sííí!’. Él acelera, ‘Toma mi leche, zorra’. Jets calientes llenándome, chorros potentes. Me corro temblando, jugos chorreando mesa.

Jadeamos, pegados. Su polla sale blanda, semen escurriendo mi muslo. ‘Hostia, ha sido brutal’, dice riendo. Yo sonrío, beso su cuello salado. Nos limpiamos rápido con kleenex, ropa en su sitio. Blusa abotonada, falda lisa. ‘Bueno, ¿seguimos con los expedientes?’, pregunto como si nada, voz normal. Él asiente, ‘Claro, página 15’. Abro la puerta, volvemos al trabajo. Colegas pasan, saludan normales. Nadie nota el rubor, el pelo revuelto leve. Pero yo siento su semen dentro aún, recordatorio caliente. Adoro esto, el taboo, el casi pillados. Mañana… ¿repetimos?

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