Follada brutal en la oficina: mi aventura prohibida con el compañero

Uf, acabo de volver del curro y aún me tiemblan las piernas. Trabajo en una oficina cutre en el centro de Madrid, papeleo todo el día con mi compañero Pablo. Es un tío alto, con ojos verdes que te desnudan, y un culo que se marca en los pantalones. Hoy… joder, hoy ha sido la hostia. Estábamos solos en la sala de reuniones, revisando expedientes. La puerta entreabierta, gente pasando por el pasillo. Él se acerca para enseñarme un informe, su brazo roza el mío. Siento su calor, huelo su colonia mezclada con sudor. ‘Mira esto, Ana’, me dice bajito, y su aliento me eriza la piel del cuello.

Yo sonrío, nerviosa. ‘Sí, eh… parece correcto’. Pero mis ojos bajan a su bragueta, se ve el bulto creciendo. Él lo nota, se ríe por lo bajo. ‘¿Qué miras tanto?’. Me pongo roja, pero soy una puta abierta, me encanta el riesgo. ‘Nada, tonto… solo pienso en lo que hay ahí’. Nos miramos fijo, el aire se carga. Sus dedos rozan mi muslo bajo la mesa. ‘Cierra la puerta’, susurra. Dudo un segundo, oigo voces fuera. ‘¿Estás loco? Nos pillan y adiós curro’. Pero él ya está de pie, la cierra con un clic suave. Ahora estamos solos, privados, pero el corazón me late a mil. El escritorio lleno de carpetas, la cristalera al pasillo. Adrenalina pura.

La tensión sube entre papeles y miradas

Se acerca por detrás, me pone las manos en los hombros, masajea bajando a mis tetas. ‘Joder, Ana, estás dura como una piedra’. Suspiro, arqueo la espalda. ‘Pablo… para, que viene alguien’. Pero no paro yo, mi mano va a su polla, la aprieto por encima del pantalón. Dura como hierro, palpitando. Él gime, me besa el cuello, mordisquea. ‘Quiero follarte aquí mismo’. Le bajo la cremallera, saco esa verga gorda, venosa, con el capullo ya mojado de precum. Me arrodillo sin pensarlo, se la meto en la boca. Sabe a sal, a hombre. Chupo fuerte, lengua alrededor, él me agarra el pelo. ‘Sí, cabrona, trágatela toda’. La garganta se me llena, babeo, gotea saliva por mi barbilla.

El polvo intenso y el regreso al curro

Me levanta, me sube la falda, rompe las bragas de un tirón. ‘Mira qué coño mojado, puta’. Dedos dentro, dos, tres, me revuelve el chocho chorreante. Gimo alto, tapándome la boca. Me tumba sobre el escritorio, papeles volando. Abre mis piernas, me lame el clítoris, aspira mis labios. ‘¡Dios, qué rica estás!’. Yo retuerzo las caderas, ‘Fóllame ya, joder, métemela’. Empuja su polla de un golpe, llena mi coño hasta el fondo. Duele y mola, estira mis paredes. Bombea fuerte, salvaje, el escritorio cruje. Tetazas rebotando, él las aprieta, pellizca pezones. ‘Tu coño aprieta como una virgen’. Cambio de posición, me pone a cuatro, ahora sí, me come el culo con la lengua primero. Lubrica con mi propio jugo, mete un dedo, luego la polla entera en mi ojete. ‘¡Aaaah! Lento…’. Pero acelera, folla mi culo profundo, bolas golpeando mi coño. Sudor goteando, olores a sexo crudo, polla y ano. Me corro gritando bajito, el cuerpo tiembla, chorro de chocho salpica papeles. Él gruñe, ‘Me vengo…’, y me inunda el culo de leche caliente, chorros potentes.

Jadeamos, pegajosos. Rápido, nos limpiamos con kleenex, él saca la polla chorreante de semen, yo me bajo la falda. ‘Vístete, coño, que viene la jefa’, dice riendo. Abro la puerta, aire fresco. Volvemos a los expedientes como si nada, caras serias. ‘Bueno, sigamos con esto’. Por dentro, sonrío. Mañana más, ese cabrón ya me ha mandado un wasap. El curro nunca fue tan excitante.

Leave a Comment