Ay, chicas, soy Lucía, trabajo en esta oficina de abogados desde hace dos años. Hoy os cuento lo que me pasó ayer con Hugo, ese compañero listo que siempre resuelve los marrones. Es el tercero en la jerarquía, pero con ideas brillantes, como cuando salvó el caso de San Julián sin perder ni un cliente. Mi jefa, Matilde, la rubia pija, lo mira con ojos de odio porque él le robó el protagonismo. Yo… yo siempre he sido más cercana a él, desde que éramos novatos.
Estábamos en la sala de expedientes, revisando papeles para el banquete de clientes de Pascua. Olor a tinta y café rancio, el aire acondicionado zumbando bajito. Nuestras manos se rozaban al pasar carpetas. ‘Lucía, ¿has visto este informe?’, me dice con esa voz grave, mirándome fijo. Sus ojos… uf, me ponían la piel de gallina. Yo sonrío, nerviosa: ‘Sí, Hugo, pero… falta algo aquí’. Me acerco más, mi pecho roza su brazo. Siento su calor. Él gira la cabeza, tan cerca que huelo su aftershave mezclado con sudor. ‘Eres la mejor para esto’, murmura. Mi corazón late fuerte. Miradas que queman. La puerta entreabierta, voces lejanas en el pasillo. Adrenalina pura, ¿y si entra alguien?
La tensión entre los expedientes y las miradas
De repente, cierra la puerta con llave. Clic. El espacio se hace nuestro. ‘Lucía, no aguanto más estas miradas tuyas’, dice, y me empuja contra la estantería. Sus labios en los míos, duros, urgentes. Yo gimo: ‘Hugo… espera, la Matilde…’. Pero no, él ya me sube la falda. Manos ásperas en mis muslos. ‘Joder, qué bragas tan sexys’, gruñe. Las baja de un tirón. Mi coño ya húmedo, palpitando. Él se desabrocha el pantalón, saca esa polla gruesa, venosa, tiesa como una barra. ‘Mírala, Lucía, es para ti’. La frota contra mi entrada, resbaladiza.
El clímax brutal y el regreso al trabajo
Me gira, cara a la pared. ‘Por detrás, como te gusta’, susurra. Escupo en mi mano, unto su polla. Empuja. Aaah… entra despacio, estirándome el culo. Duele rico, quema. ‘¡Joder, qué apretado tienes el ojete!’, jadea. Empieza a bombear, fuerte. Plaf, plaf, contra mis nalgas. Sudor goteando, mi clítoris hinchado rozando la estantería. ‘Más… fóllame más duro’, suplico. Él agarra mis tetas por debajo de la blusa, pellizca pezones. Huele a sexo, a mi humedad chorreando por las piernas. Un petito escapa, vergüenza… pero él ríe: ‘Me encanta, nena, suéltate’. Acelera, polla hinchándose dentro. Grito ahogado: ‘¡Me corro!’. Él gruñe: ‘Toma mi leche en el culo’. Chorros calientes, llenándome. Tiembla, me aprieta.
Jadeamos. Se sale, semen escurriendo por mi muslo. Rápido, nos limpiamos con kleenex. ‘Vístete, que viene gente’, dice riendo. Me bajo la falda, peino con dedos. Él se abrocha, beso rápido. ‘Como si nada’. Salimos. En el pasillo, Matilde nos ve: ‘¿Qué hacíais?’. ‘Nada, expedientes’, digo yo, sonriendo. Corazones aún latiendo fuerte. Vuelta a los escritorios, tecleando como ángeles. Pero mi culo palpita, recordándome. Qué vicio, chicas. Mañana… ¿repetimos?