Mi follada prohibida en la oficina con mi guardaespaldas y mi asistente

Hoy en la oficina… uf, no sé por dónde empezar. Soy María, jefa de marketing en esta empresa de lujo en Madrid. Tengo a Luis, mi nuevo guardaespaldas, un exmilitar cachas que me protegen por unas amenazas raras. Y luego está Ana, mi asistente, una tía curvilínea que me come con los ojos. Todo empezó esta mañana, entre pilas de dossiers y cafés.

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Luis se sentó frente a mí en la sala de reuniones, revisando el planning. Sus ojos… joder, me taladraban. ‘María, hoy cierras temprano?’, me dijo con esa voz grave. Ana entró con los informes, rozándome el brazo al pasar. Sentí su piel caliente. ‘Jefa, ¿necesitas algo más?’, murmuró, mordiéndose el labio. El aire se cargó. Cerré la puerta del despacho privado, bajé las persianas. ‘Quedaos los dos. Vamos a… hablar’.

La tensión sube entre papeles y miradas

Luis se acercó primero, su mano en mi hombro. ‘¿Segura?’, dudó. Yo le miré la bragueta, ya abultada. ‘Sí, coño, segura’. Ana se pegó a mí por detrás, sus tetas contra mi espalda. Olía a perfume dulce y sudor. Le besé el cuello, mientras Luis me desabrochaba la blusa. Sus dedos ásperos en mis pezones duros. ‘Joder, qué tetas’, gruñó. Ana gimió bajito, metiendo mano en mi falda. ‘Jefa, estás mojada ya…’.

El espacio era nuestro. Mesa grande, papeles por todos lados. Les mandé quitarse la ropa. Luis sacó la polla, gruesa, venosa, tiesa como una barra. ‘Mírala, Ana. Vas a chuparla’. Ella se arrodilló, obediente. La mamó despacio, saliva chorreando. Yo me quité las bragas, sentándome en la mesa con las piernas abiertas. ‘Luis, lame mi coño’. Su lengua rugosa en mi clítoris, chupando fuerte. Gemí, agarrándole el pelo. Ana jadeaba con la polla en la boca. ‘Más profundo, puta’, le ordené.

El polvo brutal y el regreso al trabajo

La puse a cuatro patas sobre los dossiers. ‘Luis, azótale el culo’. Él le dio nalgadas firmes, rojas las carnes. Ana chilló: ‘¡Sí, jefa!’. Lubriqué su ano con mi saliva y gel del cajón. ‘Ahora fóllatela el culo, soldado’. Él se puso condón, empujó despacio. ‘Joder, qué prieto’, masculló. Ana gritó: ‘¡Me parte el culo!’. Él la taladró, polla entrando y saliendo, huevos golpeando. Yo me masturbaba viéndolos, mi coño chorreando. ‘Más fuerte, rómpesela’.

Ana temblaba, corriéndose a chorros. ‘¡Me corro, jefa!’. Luis sacó la polla, quitó el condón. ‘Ahora a mí, en levrette’. Me puse a cuatro, culo en pompa. Me clavó la verga cruda en el coño, brutal. ‘¡Fóllame como a una puta!’, grité. Sus embestidas salvajes, mi clítoris frotando la mesa. Ana me pellizcaba los pezones. Olía a sexo, sudor, papeles mojados. Me corrí gritando, coño contrayéndose alrededor de su polla. ‘Sácala, córrete en mi culo’. Él obedeció, leche caliente salpicando mis nalgas. Ana lamió todo, chupando mi coño y su polla limpia. ‘Buena chica’.

Uf… nos miramos jadeando. ‘Volved al trabajo. Reunión en 10’. Me limpié rápido con toallitas, me puse la ropa. Luis guardó la pistola… digo, la polla. Ana recogió papeles revueltos. Salimos como si nada, sonrisas cómplices. El jefe pasó: ‘¿Todo bien?’. ‘Perfecto’, dije. Adrenalina pura, corazón latiendo. Mañana… quién sabe.

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