Trabajo en un bufete de abogados en el centro. Soy María, 45 tacos, curvas generosas, pero con ganas de marcha. La nueva secretaria, Sigrid, es holandesa, flaca como un palo, tetas altas y un culo que parece tallado. Lleva faldas cortas que apenas tapan nada. Hoy, pausa del mediodía, voy al bar de la plaza. Está lleno, pero la veo: levanta la mano, sonrisa pícara, silla libre al lado.
Me siento. Come una ensalada ligera, yo pido un bocata crujiente y una caña. Hablamos del sol, del curro. Me cuenta que llegó para estudiar, pero acabó en un camping nudista en las Landas, conociendo al jefe. Sus piernas… joder, lleva un short diminuto. Pone un pie en la silla, abre un poco las piernas. Veo el cameltoe perfecto, labios marcados, depilado total. Me pongo roja, noto que me mojo.
La tensión sube entre papeles y miradas calientes
Sigue mi mirada, ríe bajito. ‘¿Te gusta mi chochito?’, susurra. Balbuceo: ‘Es… precioso’. Su mano en mi muslo, sube hasta la piel suave arriba de la media. Frío eléctrico. ‘Tú también estás buena, María. Piel suave… ¿por qué no te depilas ahí abajo?’. Me remuevo, tiro de la falda. ‘Mis labios… ya no son firmes como los tuyos’. Ella insiste: ‘Ven al docu, te lo pone liso’. Un tío pasa, nos mira las piernas, tropieza.
Son las dos, terrazas vacías. ‘Vámonos, el jefe nos espera’, dice. Pero en la oficina, la sala de reuniones está vacía. Cierra la puerta con llave. ‘Un ratito…’, murmura. Se acerca, mano en mi falda, sube. ‘Estás empapada’. Suelto un gemido. Espacio privado, ya no hay vuelta atrás.
Me empuja contra la mesa, llena de dossiers. ‘Quítate las bragas’. Dudando, las bajo. Mojadas, blancas de crema. Las huele, sonríe. ‘Hueles a puta en celo’. Me tumba en la mesa, piernas en alto como en el gine. Abre mis muslos, coño expuesto, pelos negros revueltos. Pasa dedos por la toison. ‘Te voy a dejar lisa’. Coge tijeras de la mesa, corta pelitos. Luego, cera que saca de su bolso –la tía va preparada–.
El polvo brutal y el regreso al curro como si nada
‘¡Ay!’, duele un poco, pero sus dedos en mis labios… joder. Abre mi coño, labios gordos colgando, clítoris hinchado asomando. ‘Mira qué polla tienes aquí’. Frota la cera, arranca. Sensación ardiente, pero cachonda. Pubis liso ya, labios desnudos, sensibles al aire. Me toco el clítoris, duro como piedra. Ella se baja el short: coño lampiño, labios brillantes. ‘Toca’. Lo hago, seda pura, resbaladizo. Dedo dentro, hasta el culo pelado. Gime.
Se sube encima, coño en mi cara. ‘Lámeme, jefa’. Huele a mar, salado. Lengua en su raja, chupando labios, clítoris tieso. Ella gime, se frota. Baja, me come el coño nuevo. Lengua plana, lamiendo todo: labios, ano, clítoris. ‘¡Joder, qué suave!’. Dedos dentro, dos, tres, follando duro. Me corro brutal, chorro en su boca, mesa temblando. Ella se masturba encima, coño chorreando en mi tripa. Grita, tiembla, orgasmo largo.
Respiro agitada. ‘Fue… increíble’. Ella ríe, limpia con toallitas del bolso. ‘Cállate y ponte las bragas, que viene el jefe’. Nos arreglamos rápido. Falda abajo, pelo en sitio. Salimos, dossiers en mano. ‘¿Café?’, pregunta normalita. Sonrío: ‘Sí, pero sin piernas abiertas’. En el curro, como si nada. Adrenalina pura, coño palpitando bajo la falda. Mañana… ¿repetimos?