Mi mamada prohibida al compañero en la oficina: puro riesgo y placer

Joder, tías, aún tengo el sabor en la boca. Ayer en la oficina fue una locura. Sofia y yo llegamos tarde, eh… después de la noche que nos montamos en su casa. Nos vemos en el open space, pilas de dossiers por todos lados, y ya nos ponemos a tontear con la mirada. Ella, con esa falda ajustada, yo en mi blusa escotada. Trabajamos codo con codo, pero bajo la mesa… mis pies rozan los suyos. Calientes, sudados un poco por los nervios. ‘Carmen, pasa el informe’, me dice bajito, pero sus ojos van directos a mis tetas. Me muerdo el labio, coño, ya estoy mojadita.

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Nos miramos, risitas nerviosas. El resto del equipo teclea como locos, pero nosotros… la tensión sube. ‘Vamos a la sala de descanso un momento’, le susurro. Cerramos la puerta, espacio chiquitito, privado al fin. Sacamos la crema hidratante del bolso –sí, llevo siempre, piel seca de tanto aire acondicionado–. ‘Déjame untarte las piernas, tía, que estás áspera’. Se sube la falda un poco, se sienta en la mesa. Sus muslos redondos, blancos, perfectos. Empiezo por los tobillos, subo despacito, masajeando. Huele a vainilla la crema, mezclado con su sudor ligero. ‘Mmm, Carmen… para…’, gime bajito, pero abre más las piernas. Le unto los muslos, cerca del coño, veo unos pelitos asomando por el tanga. ‘Hay que podar eso, eh’, bromeo, y ella se ríe, roja como un tomate.

La tensión sube entre escritorios y miradas calientes

Mis manos suben al vientre, rozo sus tetas por encima de la blusa. Pezones duros, joder, los noto. Ella jadea, mano entre piernas por pudor, pero yo insisto suave. ‘Relájate, que nadie entra’. Le abro la blusa, crema en esas tetas gorditas, blancas sin marca. Le pellizco los pezones, ella cierra ojos. De repente, oímos pasos fuera. Pablo, el compañero del despacho de al lado, pasa. Nos quedamos quietas, corazón a mil. Adrenalina pura, el riesgo de que abra la puerta… nos miramos, cachondas perdidas.

No aguanto más. ‘Quédate aquí, vigila’, le digo a Sofia. Salgo, voy al despacho de Pablo. Él está solo, puerta entreabierta, tecleando en su ordenata como si mandara el barco. Alto, moreno, con esa barba incipiente, pantalón de traje marcando paquete. ‘Pablo, necesito… revisar unos archivos contigo’. Cierro la puerta con pestillo, clic sonoro. Me acerco por detrás, mano en su cuello, bajando al pecho. ‘Carmen, ¿qué coño…?’, murmura, pero no para mi mano. Deslizo por su muslo, siento el bulto endurecerse. ‘Shh, solo un momento’. Bajo la cremallera despacio, el ruido metálico me pone a mil. Saco la polla, joder, gruesa, venosa ya medio tiesa. Pantalón a medio muslo, calzoncillos blancos tensos.

El polvo brutal y la corrida en el despacho privado

Me arrodillo entre sus piernas, despacho oliendo a café y papeles. Le escupo en la mano, agarro la base, polla gorda palpitando. ‘Mira qué rica’, le digo, lamiendo el glande, salado, suave. Él agarra el ratón fingiendo trabajar, pero gime. Chupo fuerte, labios apretados, lengua girando alrededor. La meto entera, hasta la garganta, saliva chorreando por la barbilla. ‘Joder, Carmen… cabrona…’. Le aprieto las pelotas, redondas y llenas, mientras mi cabeza sube y baja rápida, glup glup mojado. Polla dura como piedra, veas hinchadas, pre-semen en mi lengua. Él empuja caderas, follando mi boca. Oigo voces fuera, Sofia quizás, riesgo total, coño, me mojo el tanga.

Acelero, mano torciendo el tronco, lengua en la punta sensible. ‘Me corro…’, gruñe. Agarra mi pelo, embiste. Primera chorreada caliente, espesa, dulce-amarga, llena mi boca. Trago un poco, el resto chorrea por comisuras, en su pantalón. Sigue palpitando, espasmos, leche goteando. Me levanto, jadeante, mano en mi coño por encima falda. Me froto rápido, clítoris hinchado, imagino su polla dentro. ‘Mírame’, le digo. Piernas temblando, orgasmo me da, ahogado, mordiéndome labio para no gritar. Vuelvo en sí, él sube pantalón, limpia con pañuelos. ‘Vuelve al trabajo, como si nada’, susurro, sonrisa pícara.

Salgo, pelo revuelto pero hago como normal. Sofia me ve, guiño. Volvemos a escritorios, tecleando informes, sonrisas cómplices. Nadie nota nada, pero yo… con el sabor de su corrida, la adrenalina aún bombeando. Mañana, ¿repetimos? Ay, el curro nunca fue tan excitante.

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