Mi follada prohibida en la oficina: me masturbé con mi compañero delante de sus ojos

Trabajo en una oficina grande, de esas con cubículos y olor a café quemado. Él es Javier, un consultor que viene cada semana a revisar expedientes. Alto, con ojos que te desnudan. Nos pillamos hace meses por unos mails calientes. Le conté que me pajeo pensando en pollas duras, que adoro masturbarme delante de un tío mientras él se la menea. Él confesó lo mismo: le flipa verme correrme en mi tanga. Acordamos llevar lencería retro, de esa que aprieta el coño como en los 80: goma rosa, medias y culotte bien ceñida.

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Hoy, jueves, está aquí. Estamos en mi mesa, rodeados de carpetas. Nuestras rodillas se rozan bajo el escritorio. Levanto la vista… sus ojos clavados en mis tetas, que asoman por la blusa. ‘¿Todo bien con estos números?’, pregunto, voz temblorosa. Él asiente, pero su mano roza mi muslo. Siento el calor subiendo. El corazón me late fuerte, eh… ¿y si nos pilla alguien? Eso me pone más cachonda. ‘Necesitamos revisar esto en privado’, murmura, señalando la sala de reuniones al fondo. Asiento, coño ya húmedo.

La tensión subiendo entre papeles y miradas calientes

Cerramos la puerta con pestillo. El clic suena como un disparo. Nos sentamos frente a frente en las sillas giratorias, espacio chiquito, aire cargado. ‘Muéstrame’, le digo, voz ronca. Él se desabrocha el pantalón lento, saca la polla tiesa, gorda, venosa. Lleva un slip rosa viejo, ajustado. Yo subo la falda… mis medias, la gaine que me aprieta el pubis, la culotte empapada. Huelo mi propio aroma, salado, excitante.

Empiezo por encima de la tela. Dedo medio rozando el clítoris, suave… ah… él agarra su verga, la menea despacio, ojos fijos en mi entrepierna. ‘Pajeate para mí, como me prometiste’, gime. Obedezco, meto la mano dentro de la culotte. Mis labios hinchados, resbaladizos. Dos dedos en el coño, vaivén lento, chup-chup húmedo. Él acelera, prepucio subiendo y bajando, gota de precum brillando. ‘Joder, tu coño es perfecto’, dice, voz entrecortada. Me arrodillo cerca, huelo su polla, mosca y sudor. Desabrocho una liga, la chupo mientras me follo con los dedos.

El polvo brutal: dedos en el coño y pajas salvajes

Ella… quiero decir, yo… me corro primero. El orgasmo me sacude, eh… gemidos ahogados, pelvis arriba, jugos empapando la culotte. Él no aguanta: ‘Me voy a correr en tu braguita’. Se la quito, se la pone en la polla, frota frenético. Yo sigo, clítoris palpitando, dedo índice en círculos, medio y anular en el agujero chorreante. Me cuenta mientras: ‘Me pajeo desde crío, coños como el tuyo me vuelven loco’. Obscenidades tiernas: ‘Córrete otra vez, puta de oficina’. Nos corremos juntos. Su leche caliente llena la culotte, yo chupo mis dedos salados, sabor a mí.

Sudados, jadeantes. Minutos eternos. ‘Vístete rápido’, dice, limpiando con pañuelos. Me pongo la falda, culotte pegajosa contra el coño. Él el pantalón, todo normal. Salimos, sonrisas inocentes. Volvemos a las mesas como si nada. ‘Gracias por la revisión’, digo alto para los demás. Por dentro, adrenalina pura, coño latiendo aún. Mañana más mails… ¿repetimos?

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