Mi polvo salvaje en la oficina con el jefe: adrenalina pura

Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Ayer en la oficina fue… uf, una locura total. Trabajo en esa empresa de logística aquí en Madrid, ya sabéis, pilas de dossiers por todos lados, el aire acondicionado que no enfría ni mierda y ese olor a café quemado que lo impregna todo. Mi jefe, Javier, ese cabrón español con acento andaluz que me pone cardíaca desde el día uno. Alto, moreno, con esa barba de tres días que raspa de vicio.

Estábamos solos en la sala de reuniones, revisando informes del trimestre. Yo con mi falda lápiz subidita, camisetita blanca que se me marca todo. Él delante, explicando gráficos, pero sus ojos… joder, se clavaban en mis tetas cada dos por tres. ‘Maria, pasa esa carpeta’, dice, y su voz ronca me eriza la piel. Le acerco el dossier, rozando su mano a posta. Siento su calor, ese pulso acelerado. Me mira fijo, mordiéndose el labio. ‘Estás distraída hoy, ¿eh?’, murmura, y su pie roza mi tobillo por debajo de la mesa. El corazón me late a mil, el coño ya húmedo. Miro la puerta entreabierta, voces de compañeros al fondo. Adrenalina pura, el miedo a que entren nos calienta más.

La tensión subiendo entre miradas y papeles

Se levanta, cierra la puerta con pestillo. Clic. El espacio se hace privado de golpe. ‘Ven aquí’, gruñe bajito, tirando de mi mano. Me pone contra la mesa, sus manos en mi culo apretando fuerte. ‘Joder, Maria, me tienes loco desde la mañana’. Le beso el cuello, huelo su colonia mezclada con sudor. Desabrocho su camisa, pelo del pecho áspero bajo mis dedos. Él me sube la falda, palpando mis braguitas empapadas. ‘Estás chorreando, puta’, susurra al oído, metiendo dos dedos dentro. Gimo suave, mordiéndome el labio para no gritar. El reloj tic-tac, pasos fuera… uf, qué subidón.

El polvo brutal y el regreso al curro

Me gira, me baja las bragas de un tirón. Siento el aire frío en mi coño mojado. Se arrodilla, lengua directa al clítoris, lamiendo como un poseído. ‘Mmm, qué sabor, joder’. Chupo aire, agarro su pelo, piernas temblando. Me come el coño entero, dedos bombeando dentro, chupando mis labios hinchados. Orgasmos me sube rápido, arqueo la espalda, susurro ‘Sí, Javier, no pares’. Él se levanta, pantalón abajo, su polla tiesa, gorda, venosa, palpitando. ‘Mírala, la quieres, ¿verdad?’. Asiento, babeando. Me empotra en la mesa, dossiers volando al suelo. Entra de una, rompiéndome el coño con esa verga dura como piedra. ‘¡Fóllame fuerte!’, gimo. Embiste salvaje, plaf plaf, mis tetas botando fuera del sujetador. Me pellizca los pezones, me muerde el hombro. Sudor goteando, olor a sexo impregnando la sala. Cambio posición, me pone a cuatro, polla hasta el fondo, cojones golpeando mi culo. ‘Tu coño aprieta de vicio, Maria, te voy a llenar’. Grito ahogado, orgasmo brutal, paredes apretando su polla. Él ruge, ‘Me corro, joder’, y siento el chorro caliente inundándome, semen chorreando por mis muslos.

Uf, jadeamos, cuerpos pegajosos. Oímos la voz de Ana fuera: ‘¿Estáis ahí?’. Corazón en la garganta. ‘Sí, un segundo’, contesta él calmado, limpiándose con pañuelos. Yo me subo las bragas rápido, semen resbalando aún, falda arrugada. Él se abrocha, recoge papeles. Abrimos la puerta sonriendo como si nada. ‘Todo bien, solo papeleo’. Vuelvo a mi sitio, coño palpitando, sonrisa pícara. Él me guiña ojo desde su despacho. Joder, qué vicio, volver al curro con su leche dentro, fingiendo normalidad. Hoy ya le mando un wasap: ‘Repetimos?’.

Leave a Comment