Trabajo en una oficina cutre del centro, papeleo hasta las narices. Hoy, con Javier, mi compañero de al lado. 35 años, moreno, con esa sonrisa que me pone. Llevamos semanas con miraditas, roces ‘accidentales’ al pasar carpetas. ‘Ey, pásame el expediente ese’, me dice, y su mano roza la mía. Uf, siento un cosquilleo directo al coño. Yo… le miro fijo, mordiéndome el labio. Él capta, ojos brillantes. ‘Ven, ayúdame con estos archivos en la sala de atrás’, susurra. El corazón me late fuerte. ¿Y si nos pillan? Esa idea me moja más.
Entramos en la sala de archivos, puerta entreabierta, olor a papel viejo y polvo. Cerramos un poco, pero no del todo. Adrenalina pura. Nos ponemos a revolver cajas, pero pronto su cuerpo pega al mío. ‘Joder, no aguanto más tus miradas’, murmura, mano en mi cintura. Yo gimo bajito, ‘Shh, Javier, alguien puede oír… pero no pares’. Sus labios en mi cuello, mordisquea suave. Huele a colonia y sudor, me encanta. Le empujo contra las estanterías, beso salvaje, lenguas enredadas. Siento su polla dura contra mi muslo, gruesa, palpitando. ‘Estás empalmada como una piedra’, le digo riendo, apretándola por encima del pantalón.
La tensión sube entre escritorios y miradas calientes
No perdemos tiempo. Le bajo la cremallera, saco esa verga gorda, venosa, con la punta ya brillando de pre-semen. ‘Mmm, qué rica’, digo lamiéndome. Él me sube la falda, braga al lado, dedos directos a mi coño. ‘Joder, estás empapada, puta caliente’. Meto dos dedos suyos dentro, chorreo, clítoris hinchado. Gimo contra su boca, ‘Fóllame ya, pero rápido, que vuelvan los demás’. Me gira, cara contra la estantería, culazo al aire. Baja mi tanga, me escupe en el culo. ‘¿Quieres por detrás?’, pregunta jadeando. ‘Sí, métemela en el ano, pero despacio al principio’. Empuja, la cabeza entra, duele rico, estiro el ojete alrededor de su polla. ‘¡Coño, qué prieta!’, gruñe, embiste más profundo.
Empieza a bombear, fuerte, salvaje. Plaf, plaf, contra mis nalgas. Siento cada vena rozando mis paredes, el glande golpeando fondo. ‘Más, joder, rómpeme el culo’, suplico ahogada. Mano en mi boca para no gritar. Él me agarra las tetas por debajo de la blusa, pellizca pezones duros. Sudor nos pega, aire caliente. Cambio: me pone de rodillas, polla en la cara, chorrea saliva y mis jugos. ‘Chúpala, zorra’. La engullo entera, garganta profunda, arcadas ricas. Babas por barbilla, le miro suplicante. ‘Me voy a correr’, dice. ‘En la boca, dámelo todo’. Explota, leche caliente, espesa, tragando gulps. Yo me toco el coño frenética, orgasmo brutal, piernas temblando, squirt en el suelo.
El sexo brutal en la sala de archivos sin filtro
Otro round: me sube a una mesa, piernas abiertas. Polla tiesa otra vez, entra en mi coño de un empujón. ‘¡Qué chorreante, te follo como a una puta!’. Embistes brutales, mesa cruje. Clítoris frotando su pubis, tetas rebotando. ‘Córrete dentro, lléname’, gimo. Él acelera, gruñe, chorros calientes inundan mi útero. Yo exploto segunda vez, uñas en su espalda, mordiendo hombro para no chillar.
Sudados, jadeantes. Rápido, nos subimos la ropa. ‘Joder, ha sido… increíble’, dice él besándome rápido. Limpio el suelo con kleenex, olor a sexo impregna. Salimos, él primero, yo después. Vuelvo al escritorio, cara roja, coño palpitando con su semen goteando. ‘¿Todo bien?’, pregunta el jefe pasando. ‘Sí, perfect’, sonrío fingiendo. Javier me guiña ojo desde su sitio. Adrenalina aún, sonrisa pícara. Mañana… ¿repetimos?