Mi polvo salvaje en la oficina con las manos vendadas de mi compañero

Trabajo en una oficina grande, de esas con cubículos y jefes estirados. Carlos, mi compañero del departamento contable, es guapo, dominante, con esa mirada que te calienta por dentro. El lunes, mi marido llega y me dice: ‘Carlos se quemó las manos en un barbacoa. Pobre, no puede ni tocar un boli’. Yo, que ya lo había probado en una fiesta loca el finde pasado, sentí un cosquilleo. ‘¿Sabes? Mañana lo ayudo con los dossiers. No trabaja tarde’, le dije fingiendo casualidad.

Al día siguiente, entro en su despacho a las tres. Él está ahí, sentado, manos vendadas hasta los codos, frustrado. ‘Hola, Carlos… Vine a echar una mano. Literalmente’. Sonríe pícaro. ‘Pasa, cierra la puerta. Estos papeles me tienen loco’. Empiezo a ordenar carpetas en su mesa. Nuestros brazos se rozan. Siento su calor. Levanto la vista: me mira fijo, los ojos bajan a mis tetas bajo la blusa ajustada. ‘¿Te acuerdas de la fiesta?’, murmura. Trago saliva. ‘Sí… Fue… intenso’. Mi falda plisada sube un poco al agacharme. Él gime bajito. ‘Eres una puta traviesa, ¿verdad? Ven aquí’. La tensión crece. El aire huele a su colonia y a mi excitación. El corazón me late fuerte. ¿Y si alguien entra?

La tensión sube entre carpetas y miradas calientes

De repente, cierra con llave. ‘Necesito mear, pero estas vendas… Ayúdame’. Vamos al baño privado del despacho. Él baja el pantalón. Su polla semi-dura sale por el elástico. La agarro, tibia, pesada. Apunto al váter. Orina fuerte, salpica un poco mis dedos. Me mojo los labios sin querer. Cuando acaba, la acaricio. Se endurece. ‘Para… Vuelve a la mesa’, dice ronco.

En el despacho, se tumba en el sofá. ‘Chúpamela. Ya sabes que quieres’. Me arrodillo, falda subida mostrando mi tanga. Saco su verga gruesa, venosa. La lamo desde la base, salada. La meto en la boca, chupando hondo. Gime. ‘Joder, qué boca…’. Me toco el coño por encima de la ropa, empapada. ‘Quítate todo menos las medias’, ordena. Obedezco, tetas al aire, pezones duros. Abre un cajón: un corsé negro y un plug anal. ‘Ponte esto. Y moja el plug con saliva’. Tardo, lazo apretado marca mi cintura, culo expuesto. Me miro en el espejo del baño: puta deseable. Vuelvo, puerta abierta para que vea en el reflejo.

El sexo crudo e intenso sin paños calientes

Me monto a horcajadas, su polla en mi boca otra vez. Duro como piedra ahora. Me meneo, plug en el culo rozando. Él suspira, se corre en mi garganta. Trago todo, amargo, caliente. Limpio su pija con la lengua. ‘Ahora aspira, pero con el plug puesto’. Ordena el despacho, yo en corsé y plug, desnuda casi, limpiando mesas. Cada paso, el plug me folla por dentro. Me corro dos veces frotándome en una silla, coño chorreando.

A las cinco, grita de dolor: se movió mal. Corro. ‘Martine no, mi mujer llega pronto… Pero fóllame el culo antes’. Saco el plug: vacío delicioso. Me pongo a cuatro en la mesa, papeles volando. Lubrico su polla con mi saliva y mi flujo. Apunta al ano. ‘Empújalo, cabrón’. El glande entra, quema rico. Grito bajito. Me empala despacio, hasta las bolas contra mi piel. ‘¡Qué culo apretado!’. Bombeamos fuerte. Siento cada vena frotando mis paredes. Picor sube, placer anal brutal. ‘Me corro… ¡Joder!’. Exploto, ano contrayéndose, jugos por muslos. Él gruñe, inyecta semen caliente dentro. Sacude, chorros llenándome.

Respiro agitada. Me arranco, semen goteando. Me visto rápido: blusa, falda, pelo en sitio. Él se sube pantalones. ‘Carpe diem, guapa’. Sonreímos. Abro puerta. Vuelvo a mi cubículo, piernas temblando, culo palpitando con restos de corrida. Compañeros preguntan: ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, solo ayudé con papeles’. Sonrío, secreto ardiendo. Mañana más.

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