Mi polvo prohibido en la oficina: Adrenalina y coño empapado

Trabajo en una oficina de contabilidad, ya sabes, papeles por todos lados, aire acondicionado que no enfría lo suficiente y esa tensión que flota en el ambiente. Soy María, 32 años, tetas firmes, culo redondo que no pasa desapercibido con estas faldas ajustadas. Me encanta el morbo del curro, el riesgo de que te pillen follando. Eh… hoy te cuento lo del otro día con Javier, el nuevo del departamento. Alto, musculoso, con esa mirada de lobo que te desnuda.

Estábamos solos en la sala de archivos, revisando expedientes atrasados. ‘Pásame esa carpeta azul, Mari’, dice él, rozándome el brazo. Uf, su piel caliente contra la mía. Yo me agacho para cogerla de abajo, y noto sus ojos clavados en mi culo. ‘Joder, qué bien te queda esa falda’, murmura. Me giro, sonriendo pícara. ‘¿Me estás mirando el culo, cabrón?’. Él se ríe, se acerca. ‘No puedo evitarlo, estás buenísima’. El corazón me late fuerte, el pasillo vacío, pero la puerta de la oficina principal a dos metros. La adrenalina me pone cachonda ya.

La tensión sube entre carpetas y miradas

Nos miramos fijo, respirando pesado. Sus manos en mis caderas, yo le rozo la polla por encima del pantalón. Dura como piedra. ‘Shh, que nos oyen’, susurro, pero le aprieto más. Él me besa el cuello, mordisquea. ‘Me la has puesto tiesa todo el día’. Empujo las carpetas al suelo, hacemos sitio en la mesa. El espacio se cierra, solo nosotros, olor a papel viejo y su sudor masculino. Le bajo la cremallera, saco esa polla gorda, venosa. ‘Joder, qué pedazo de verga’, digo lamiéndome los labios. Él gime bajito, ‘Chúpamela, Mari, pero rápido que viene gente’.

Le meto la polla en la boca, succiono fuerte, lengua alrededor del glande. Sabe a hombre, salado. Él me agarra el pelo, folla mi boca suave. ‘Qué boca de puta, coño’. Me levanto, me subo la falda, braga empapada. La arranco, se la meto en el bolsillo. ‘Fóllame ya, Javier, métemela hasta el fondo’. Me tumba sobre la mesa, papeles volando. Abre mis piernas, me lame el coño un segundo, clítoris hinchado. ‘Estás chorreando, zorra’. Empuja la polla de un golpe, entro hasta las bolas. Grito ahogado, ‘¡Sí, joder, rómpeme el coño!’.

El clímax brutal y el regreso al curro

Me empala brutal, placaplacaplaca contra mi culo. Sus huevos me golpean el ano, sudamos como cerdos. Le araño la espalda, ‘Más fuerte, cabrón, dame polvazo’. Cambiamos, yo encima, cabalgo esa verga gruesa, tetas rebotando. Él las chupa, muerde pezones. ‘Me vengo, Mari, agárrate’. Siento su leche caliente llenándome, yo exploto, coño contrayéndose, chorros de jugo por sus muslos. ‘¡Hostia, qué orgasmo!’, jadeo. Nos besamos sucios, lenguas revueltas.

Sudados, jadeantes. Miramos el reloj. ‘Joder, cinco minutos para la reunión’. Nos limpiamos rápido con kleenex, recojo papeles tirados. Él se sube los pantalones, polla aún semi. ‘Ha sido la hostia, Mari’. Sonrío, ‘Pero ni una palabra, ¿eh?’. Salimos como si nada, caras serias. En la sala principal, todos trabajando. Yo me siento, coño palpitando con su semen goteando. Él me guiña ojo disimulado. Adrenalina pura, ya quiero más. Mañana, quizás en el baño.

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