Mi polvo salvaje en la oficina: el riesgo de ser pillada me pone a mil

Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Trabajaba hasta tarde en la oficina, sola con Javier, el nuevo de ventas. Ese tío alto, moreno, con barba de tres días y brazos que parten leños. Estábamos revisando dossiers de la empresa familiar, herencia de mi padre, viñedos y olivares en Andalucía. El calor del verano entraba por la ventana entreabierta, sudábamos pegados a los escritorios.

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Sus ojos… uf, me miraban fijo mientras pasaba páginas. ‘Mira esto, Claudia, estos números no cuadran’, decía con voz grave. Yo sentía su mirada bajando por mi escote, mi blusa blanca pegada al sudor. Me mordía el labio, eh… cruzaba las piernas bajo la mesa. El aire olía a su colonia mezclada con macho sudado. ‘Ven, ayúdame aquí’, me dijo, y me acerqué. Nuestras manos se rozaron en el papel, electricidad. El espacio se cerró, cerré la puerta con llave. ‘Para no molestar’, murmuré. Su rodilla tocó la mía, no se apartó.

La tensión sube entre papeles y miradas

‘Joder, qué calor’, soltó él, quitándose la corbata. Yo asentí, abanico con los papeles. Sus dedos rozaron mi muslo al inclinarse. ‘¿Estás bien?’, preguntó con sonrisa pícara. Mi coño ya palpitaba, húmedo. Le miré la bragueta, abultada. ‘Sí… pero necesito… aire’, balbuceé. Se levantó, me arrinconó contra el archivador. Sus labios cerca, aliento caliente. ‘Sé lo que necesitas’, gruñó.

De repente, me besó duro, lengua invadiendo mi boca. Manos por todas partes. Me arrancó la blusa, pezones duros al aire. ‘Qué tetas tan ricas’, jadeó chupándomelos. Yo gemí, bajé su cremallera. Dios, su polla… enorme, gruesa, venosa, curvada hacia arriba. ‘¡Hostia, qué verga!’, exclamé. La agarré, palpitaba caliente. Me bajó la falda y las bragas de un tirón. Dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta’, dijo riendo.

El clímax brutal y sin frenos

Me tumbó sobre el escritorio, papeles volando. Abrió mis piernas, lamió mi clítoris como loco. ‘¡Ahhh, sí, chúpame el coño!’, grité. Lengua dentro, succionando jugos. Dos dedos me follaron, gimiendo yo como perra. Luego se puso de pie, polla en mi entrada. ‘Te voy a partir, zorra’. Empujó de golpe, ¡joder qué llena! Me abría entera, hasta el fondo. ‘¡Más, fóllame fuerte!’, supliqué. Empezó a bombear, salvaje. Plaf-plaf contra mi culo, mesa temblando. Sus huevos peludos golpeaban mi perineo. Sudor goteando, olor a sexo puro.

Me giró, a cuatro patas. ‘Ahora por el culo’, gruñó untando saliva. ‘¡No, espera… ahhh!’. Entró despacio, estirándome el ojete. Dolor placer mezclado. ‘¡Qué ano tan apretado!’. Me taladraba, mano en clítoris frotando. Yo petaba húmeda, coño goteando. ‘¡Me corro, joder!’. Explosé, squirt en el suelo. Él rugió, llenándome el culo de leche caliente, chorros potentes.

Jadeando, se retiró. Semen chorreando por mis muslos. Me limpié rápido con kleenex, él se subió los pantalones. ‘Vaya follada’, dijo sonriendo. Yo, temblando, recogí papeles. ‘Sí… pero sigamos con los dossiers, que mañana hay reunión’. Nos sentamos, como si nada. Miradas cómplices, coño dolorido recordándome el riesgo. Puerta abierta, volvimos al trabajo. Adrenalina pura, chicas… quiero más.

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