Mi polvo prohibido en la oficina: dos colegas y un culo en llamas

Era viernes por la tarde, la oficina casi vacía. Yo, Marta, secretaria jefa, con Carlos y Miguel terminando informes. Sudor por el calor, camisas pegadas. Carlos, el contable bi que siempre me guiña el ojo, y Miguel, su colega más joven, delgado y con ese culo prieto que me pone.

Estábamos en mi mesa grande, apilando dossiers. Nuestras manos se rozaban ‘por accidente’. ‘Perdón’, dice Carlos, pero su dedo se queda en mi muslo un segundo de más. Le miro, sonrisa pícara. Miguel se da cuenta, se sonroja. ‘Joder, chicos, ¿calor o qué?’, suelto riendo bajito.

La tensión subiendo entre carpetas y miraditas calientes

Los miro fijo. ‘Vosotros dos… os he visto en el baño una vez, tocándoos. Me pone mogollón’. Silencio. Carlos traga saliva. ‘Eh… Marta, ¿en serio?’. Asiento, mordiéndome el labio. ‘Sí, quiero veros. Aquí, ahora. La puerta cerrada’. Corro a echar el pestillo de la sala de reuniones al lado. Espacio privado. Corazones latiendo fuerte. Adrenalina por si alguien entra.

Entramos los tres, luces tenues. Me siento en la silla del jefe, piernas abiertas bajo la falda. ‘Venga, empezad. Tocáos para mí’. Dudan. ‘¿Seguro?’, pregunta Miguel. ‘¡Sí, coño!’. Carlos se acerca a él, mano en el paquete. Se besan torpe al principio, lenguas chocando. Yo me toco el coño por encima de las bragas, ya mojada.

El roce se pone intenso. Camisas abiertas, pezones duros. Carlos baja la mano al pantalón de Miguel, saca esa polla tiesa, venosa. ‘Mira qué verga’, gimo. Miguel gime, agarra la de Carlos, más gruesa. Se la menean mutuo, lentito. Yo me bajo las bragas, dedos en el clítoris, oliendo mi humedad.

No aguanto. Me levanto, pego mi teta a la cara de Carlos. ‘Chúpame, pero no pares de pajearos’. Él mama mi pezón, mordisquea. Miguel me besa el cuello, mano en mi culo. ‘Joder, Marta, estás empapada’. Sí, lo estoy. Les empujo al sofá. ‘A cuatro, Miguel. Quiero ver cómo Carlos te come el culo’.

El sexo crudo sin frenos y vuelta al curro como si nada

Carlos se arrodilla, lengua en la raja de Miguel. ‘¡Ahhh!’, grita él. Yo me siento encima, coño en la cara de Miguel. Él lame, chupa mi flujo. Carlos mete dedo en el culo de Miguel, lo dobla. ‘Qué ano más apretado, cabrón’. Yo me corro primero, chorro en su boca. ‘¡Sííí, lame mi lefa!’.

Cambio. ‘Ahora fóllale, Carlos. Quiero tu polla entrando en ese culito’. Preservativo rápido del bolsillo –siempre preparados–. Carlos empuja, gland abriendo el ano. Miguel aúlla placer-dolor. ‘¡Cógeme fuerte!’. Carlos bombea, huevos chocando. Yo me pajeo viéndolos, luego agarro la polla de Miguel, la asturbo furiosa.

No resisto. ‘Parad. Quiero mi turno’. Me pongo a cuatro en la mesa. Carlos saca, moja su verga en mi coño. ‘En el culo, ¿eh?’. Empuja despacio. Duele rico, me llena. ‘¡Qué polla más gorda, rómpeme el ojete!’. Miguel delante, polla en mi boca. Mamada profunda, garganta follada. Carlos acelera, me taladra el culo, mano en mis tetas.

‘¡Me corro!’, grita Carlos. Siento su leche en el condón, caliente. Miguel eyacula en mi boca, esperma salado tragado. Yo exploto, coño contrayéndose, culo palpitando. Gemidos ahogados, miedo a que oigan.

Sudados, jadeantes. Nos limpiamos con kleenex, olor a sexo por todas partes. ‘Joder, qué fuerte’, dice Carlos riendo nervioso. ‘Ni una palabra, volvemos al curro’. Abro la puerta, aire fresco. Nos sentamos a las mesas, tecleando como si nada. Miradas cómplices. ‘¿Café?’, pregunto sonriendo. Nadie sospecha. Adrenalina total, ya quiero más.

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