Trabajo en una oficina grande, de esas con cubículos grises y fluorescentes que zumban todo el día. Soy María, 32 años, soltera y con ganas de todo. Me encanta el riesgo, esa adrenalina de hacer lo prohibido. Mi compañero, Javier, alto, con manos fuertes de gimnasio, siempre me mira de reojo. Sus ojos recorren mis tetas cuando cree que no veo. Eh… hoy, viernes tarde, el jefe nos manda a la sala de archivos del sótano. ‘Traed los informes del trimestre’, dice. Bajamos juntos, solos. El ascensor huele a papel viejo y su colonia fuerte. Nuestros brazos se rozan. Siento su calor.
La sala es un laberinto de estanterías metálicas, polvorientas, con cajas apiladas hasta el techo. Cerramos la puerta, el clic del pestillo suena alto. ‘Aquí están’, murmura él, estirándose para alcanzar una caja alta. Su camisa se sube, veo su espalda musculosa. Yo tengo el cuello tieso de tanto teclear. ‘Joder, me duele’, digo frotándome. Él se acerca por detrás. ‘Déjame’, susurra, sus manos grandes en mi nuca. Masajea suave, pero firme. Umm… sus dedos bajan por mi espalda, rozan el borde del sujetador. Mi piel eriza. Giro la cabeza, nuestros labios casi se tocan. ‘María… tus ojos…’, dice con voz ronca. Siento su paquete duro contra mi culo. El corazón me late fuerte. ¿Y si alguien baja? Esa idea me moja el coño al instante.
La tensión sube entre los dossiers y las miradas
No aguanto más. Me giro, le beso el cuello. Él gime bajito. ‘Shh, calla’, le digo, pero yo jadeo ya. Sus manos bajan a mis tetas, aprietan sobre la blusa. Botones saltan. Mis pezones duros como piedras. Le bajo la cremallera, saco su polla. Joder, gruesa, venosa, palpitante. Pre-semen en el glande. ‘Mira lo que me haces’, gruñe. Yo me arrodillo en el suelo sucio, entre cajas. La huelo, a hombre, a sudor. La chupo despacio, lengua en la base, subo al capullo. Él agarra mi pelo, empuja. ‘Joder, María, tu boca…’. La meto entera, garganta profunda, babeo. Saliva por mi barbilla. Él folla mi cara suave, luego fuerte.
El polvo brutal e intenso sin filtro
Me pone de pie, contra la estantería. Baja mis bragas, las rompe. Dedos en mi coño, empapado, chorreante. ‘Estás calada, puta’, dice riendo. Tres dedos dentro, me follan rápido. Gimo alto, tapo mi boca. ‘Quieta, o nos pillan’. Me da la vuelta, polla en mi entrada. Empuja de golpe. ¡Ahhh! Llena mi coño hasta el fondo. Golpea mis paredes, clítoris frotando su pubis. Folla duro, salvaje. Plaf, plaf, contra mi culo. Sudor gotea, huelo a sexo crudo. Le pido más: ‘Fóllame fuerte, Javier, rómpeme’. Él obedece, una mano en mi garganta, otra pellizca mi clítoris. Me corro primero, tiemblo, squirt en sus bolas. Él no para, me da la vuelta, piernas en alto sobre una caja. Polla entra de nuevo, ve mi cara de placer. ‘Mira cómo te abro el coño’. Sus embestidas profundas, glande choca mi cervix. Gruñe, se corre dentro, semen caliente me inunda. Joder, rebosa por mis muslos.
Respiro agitada, él igual. Sudados, pegajosos. ‘Hostia, ha sido… increíble’, dice besándome. Nos limpiamos rápido con pañuelos de la oficina. Huele a polla y coño por todos lados. Subimos el pestillo, salimos como si nada. En el pasillo, él delante con las cajas, yo detrás, piernas temblando. Sonreímos disimulados. Vuelvo a mi mesa, tecleo informes, pero siento su semen goteando en mis bragas rotas. El jefe pasa: ‘Todo bien?’. ‘Sí, perfecto’, digo con cara angelical. Javier me guiña ojo desde su cubículo. Mañana, más tensión. Eh… no puedo esperar.