Mi polvo salvaje con el jefe en la oficina: riesgo y placer puro

Ay, chicas, no os podéis imaginar lo que me pasó ayer en la oficina. Trabajo de secretaria en una gestoría, con mi jefe Carlos, un tío de unos 50, casado pero con un cuerpazo y esa mirada que te moja al instante. Bueno, eh… llevo meses tonteando con él, rozones en el ascensor, mensajes picantes. Pero ayer, uf, explotó todo.

Era media tarde, la oficina llena de carpetas por todos lados. Reunión con un cliente joven, hijo de un pez gordo. Carlos vestido impecable, traje negro, corbata roja. Yo, falda ajustada amarilla, blusa escotada, medias claras y tanguita roja que me hace sentir puta. El cliente y su padre charlan contratos, sentados en la sala grande. Yo sirvo cafés, noto la mirada de Carlos clavada en mis tetas. Me agacho a recoger un boli, y zas, él ve el borde de la tanga. Sonrío, picarona.

La tensión sube entre carpetas y miradas ardientes

Luego, en su despacho, solos un rato. ‘María, qué guapa hoy’, me dice bajito, mientras revisamos papeles. Nuestras rodillas se rozan bajo la mesa. Siento su mano subir por mi muslo, despacito. ‘Joder, Carlos, que nos pillan’, susurro, pero abro las piernas un poco. Él ríe, ‘Me encanta verte así, cachonda’. Miradas por encima de los dossiers, fuego puro. El cliente llama, volvemos, pero ya estoy empapada. Cada vez que paso papeles, él me roza el culo disimuladamente. Adrenalina a tope, corazón latiendo fuerte.

Al final de la reunión, el cliente y su padre se van. Carlos cierra la puerta del despacho con pestillo. ‘Ven aquí, puta mía’, gruñe. Espacio privado al fin. Me empuja contra la mesa, besos salvajes, lengua dentro, mordiendo labios. Sus manos me arrancan la blusa, tetas fuera, pezones duros. ‘Mira qué pollas me pones’, dice lamiéndome el cuello. Yo jadeo, ‘Fóllame ya, no aguanto’.

El polvo brutal: polla dura y coño empapado sin filtro

Me sube la falda, ve la tanga roja calada. ‘Joder, qué coño tan rico’, dice tirándola a un lado. Me abre las piernas sobre el escritorio, papeles volando. Baja la cabeza, lengua en mi clítoris, chupando fuerte. ‘Ahhh, sí, come mi coño, cabrón’. Gimo bajito, miedo a que oigan los compañeros fuera. Dedos dentro, dos, tres, me folla con ellos, cyprine chorreando. Huele a sexo, a mi humedad mezclada con su colonia. Se pone de pie, baja la cremallera, saca la polla tiesa, gorda, venosa. ‘Mírala, para ti’. La frota contra mi raja, untándola de mis jugos.

Me penetra de golpe, ‘¡Aaaah!’, grito ahogado. Polla enorme abriéndome el coño, hasta el fondo. Me agarra las caderas, embiste brutal, plaf plaf plaf contra la mesa. ‘Qué puta eres, María, follándome en el curro’. Yo clavo uñas en su espalda, ‘Más fuerte, rómpeme el coño, joder’. Sudor goteando, tetas botando, su polla palpitando dentro. Cambio, me pone a cuatro, culo al aire, medias rotas. Me azota las nalgas, ‘Toma, zorra’. Entra otra vez, coño chorreando, bolas golpeando mi clítoris. ‘Me corro, me corro’, gime él. ‘Dentro, lléname de leche’. Eyacula caliente, chorros llenándome, desbordando por mis muslos.

Yo exploto segundos después, coño contrayéndose alrededor de su polla, orgasmos brutales, piernas temblando. Nos quedamos jadeando, pegados. ‘Hostia, ha sido increíble’, dice él besándome. Limpiamos rápido: yo me pongo la tanga sucia en el bolso, él se sube los pantalones, papeles recolocados. Salimos sonriendo, como si nada. ‘Gracias por los documentos, María’, dice alto para los demás. Yo asiento, coño palpitando aún, semen goteando. Vuelvo a mi mesa, tecleando normal, pero con la sonrisa de quien acaba de ser follada como una reina. Ay, el subidón… no hay nada como el sexo en el trabajo.

Leave a Comment