Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Trabajo en esta oficina enorme de Madrid, soy Laura, 32 años, morena con curvas que vuelven locos a los tíos. Mi jefe, Víctor, 45, casado, pero con esa mirada de depredador que me pone a mil. Llevamos semanas con esa electricidad. Hoy, viernes tarde, todos se han ido temprano. Estamos solos revisando expedientes en mi mesa.
Sus rodillas rozan las mías bajo la mesa. ‘Laura, pasa esa carpeta’, dice con voz ronca. Le miro, ojos clavados, y noto cómo se le marca la polla en los pantalones. ‘Sí, jefe… aquí está’, respondo mordiéndome el labio. Mi coño ya palpita. Él se acerca más, su aliento en mi cuello. ‘Joder, qué calor hace aquí’, murmura. Le huelo, colonia fuerte, sudor masculino. Mi pezón se endurece contra la blusa.
La tensión sube entre papeles y miradas
De repente, coge mi mano y la pone en su paquete. Duro como piedra. ‘¿Quieres esto?’, susurra. Trago saliva. ‘Víctor… nos pueden pillar’. Pero ya estoy mojada, la tanga empapada. ‘Ven conmigo’, dice tirando de mí. Vamos a la sala de archivos, al fondo, puerta que cierra con pestillo. El espacio es estrecho, estanterías llenas de cajas, luz tenue. Se gira, me empuja contra la pared. Sus manos en mis tetas, apretando fuerte. ‘Llevo meses soñando con follarte aquí’, gruñe.
Me besa salvaje, lengua dentro, mordiendo mi labio. Le desabrocho la camisa, pelo en el pecho, duro. Baja la cremallera, saca su polla gorda, venosa, cabezona. ‘Mírala, puta, chúpala’. Me arrodillo, olor a macho, saliva en la punta. La meto en la boca, chupando hondo, lengua en el frenillo. Gime ‘joder, sí… así’. Me folla la boca, cogiéndome el pelo, hasta que me ahogo un poco. Levanto la falda, él rasga mi tanga. Dedos en mi coño chorreante. ‘Estás inundada, zorra’.
El clímax brutal y la vuelta a la rutina
Me pone de pie, gira, culazo al aire. Siento su polla rozando mi raja. ‘Pídemelo’. ‘Fóllame, Víctor, métemela ya’. Empuja, entra de golpe, estirándome. ‘¡Ahhh!’. Me taladra, huevos golpeando mi clítoris. Fuerte, sin piedad. ‘Tu coño aprieta como una virgen’. Le clavo uñas en la espalda. Cambia, me sube a una mesa, piernas abiertas. Me come el coño, lengua en el agujero, chupando jugos. ‘Sabes a puta en celo’. Me corro gritando bajito, temblando.
Vuelve a metérmela, misionero salvaje. Sus embestidas me mueven la mesa. ‘Me voy a correr dentro’. ‘Sí, lléname de leche’. Explota, chorros calientes inundándome. Yo otra vez, contracciones ordeñándole. Sudor por todos lados, olor a sexo puro.
Jadeamos. ‘Hostia, ha sido brutal’, dice besándome suave. Nos limpiamos con kleenex, ropa arrugada. ‘Vuelve a tu mesa, como si nada’. Salimos, él delante. Corazón a mil, ¿nos habrá oído alguien? En mi sitio, expedientes revueltos. Él pasa: ‘Buen trabajo, Laura’. Sonrío, coño goteando su semen. Fin de jornada, pero yo aún caliente. Mañana más.