Mi polvo salvaje en la oficina con el jefe que casi nos pilla todo el equipo

Ay, chicas, os lo cuento como si acabara de pasar, porque el corazón aún me late fuerte. Era viernes tarde, oficina casi vacía, solo el jefe y yo revisando informes. Él, ese tío alto, con esa barba de tres días que me pone… Estaba inclinado sobre la mesa, pasando carpetas, y yo notaba sus ojos clavados en mis tetas, que se me marcaban bajo la blusa blanca ajustada. ‘Mira esto, Elena’, me dice, rozándome el brazo al pasarme el dossier. Uf, su piel caliente… Yo sonrío, ‘Sí, jefe, pero hay que cerrar la puerta, ¿no? Para concentrarnos’. Él duda, ehm… ‘Vale, pero solo un rato’. Cierro con pestillo, el clic suena fuerte, y el aire se carga. Nos sentamos cerca, piernas tocándose. Sus miradas bajan a mi falda corta, subiendo por mis muslos. ‘Estás… distraída hoy’, murmura, mano en mi rodilla. Yo jadeo bajito, ‘Tú también, con esa polla que se te marca en los pantalones’. Nos reímos nerviosos, pero el calor sube. Sus dedos suben, rozan mi braguita, ya húmeda. ‘Joder, Elena, estás empapada’. Yo le cojo la mano, la aprieto contra mi coño. ‘Es por ti, cabrón’. El espacio se hace íntimo, solo nosotros, el olor a café y sudor mezclado. Oímos pasos fuera, alguien pasa… Adrenalina pura, nos paramos, pero volvemos. Sus labios en mi cuello, mordiendo suave. ‘Si nos pillan…’, susurro. ‘Me la suda, te quiero follar ya’.

¡Dios, el polvo fue bestial! Me sube a la mesa, aparta papeles volando. Rasga mi blusa, tetas al aire, pezones duros como piedras. ‘Chúpamelas’, le ordeno, y él obedece, mamando fuerte, tirando con dientes. Yo le bajo el zipper, saco esa polla gorda, venosa, palpitando. ‘Mmm, qué pedazo de verga’. La chupo profunda, saliva chorreando, bolas en mi mano apretando. Él gime, ‘Joder, tu boca es un coño’. Me pone a cuatro, falda arriba, braguita a un lado. Me escupe el culo, dedo en mi ano, ‘¿Te gusta por detrás?’. ‘Sí, métemela toda’. Empuja, polla cabezona abriendo mi coño chorreante, hasta el fondo. ¡Plaf! Me folla duro, mesa crujiendo, papeles al suelo. ‘¡Más fuerte, joder!’. Le clavo uñas en espalda, él me agarra pelo, embiste como animal. Cambio, yo encima, cabalgando, coño tragando su polla entera, clítoris frotando. ‘Me corro, cabrón…’. Él gruñe, ‘Aguanta, puta’. Me da la vuelta, me abre piernas, lame mi coño sudado, lengua en el culo. Luego me penetra anal, lento al principio, ‘¡Qué ano más apretado!’. Duele rico, adrenalina porque oímos voces cerca. Bombeamos, sudor goteando, olores a sexo fuerte. Él saca, me pone de rodillas, ‘Trágatela’. Chupo su polla con mi culo en ella, hasta que explota, leche caliente llenándome boca, tragando, resto en tetas. Yo me corro frotándome, chorro en su cara. Agotados, jadeando.

La tensión sube entre carpetas y miradas calientes

Uf, el final… Nos miramos, risas nerviosas. ‘Vístete rápido, que viene el equipo’, dice él, limpiándose con pañuelos. Yo recojo braguita rota, blusa abotonada mal, coño palpitando leche adentro. Limpiamos mesa deprisa, papeles revueltos como si nada. Entra un compañero, ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, solo un desorden con los informes’, digo yo, voz temblorosa, sonrisa falsa. Jefe asiente, profesional total. Volvemos a sentarnos, yo cruzo piernas sintiendo su semen escurrir. Él me guiña ojo disimulado. Fuera normalidad: emails, llamadas. Pero dentro, fuego. Salgo a baño, espejo muestra morritos rojos, pelo revuelto. Sonrío, ‘Joder, qué subidón’. Mañana, mismo curro, pero ahora cada mirada es promesa de más. ¿Repetimos? Ay, el riesgo me flipa.

Leave a Comment