Ay, chicas, os lo cuento como si acabara de pasar. Trabajo en una oficina cutre de Barcelona, marketing digital. Llevo tres años allí, pero hace un mes llegó él: Pablo, el nuevo jefe de proyecto. Alto, moreno, con esa mirada que te calienta el coño desde lejos. Yo soy Laura, 28 años, tetas grandes, culo prieto y siempre con ganas de joder lo prohibido. Me flipa el riesgo en el curro, esa adrenalina de que te pillen follando.
Al principio, solo miradas. Él en su despacho, yo en mi mesa organizando dossiers. ‘Laura, trae el informe del cliente’, me dice por el intercomunicador. Entro, cierro la puerta un poco, y bum, sus ojos en mis tetas. Bajo la vista, veo su paquete marcado en los pantalones. ‘Siéntate’, murmura. Nos ponemos a revisar papeles, hombro con hombro. Su aliento en mi cuello… Huele a colonia fuerte, masculina. Rozo mi rodilla contra la suya. ¿Accidente? Ni de coña. Él no se aparta. ‘Joder, qué calor hace aquí’, dice, aflojándose la corbata. Yo sonrío, mordiéndome el labio. Siento mi tanga húmeda ya.
La tensión sube entre papeles y miradas
Pasan días así. Cada reunión, más cerca. Una tarde, llueve a cántaros fuera. ‘Quédate, Laura, acabamos esto solos’, me pide. El resto se pira. Cerramos la puerta del despacho con llave. Espacio privado al fin. Nos sentamos en el sofá viejo de visitas. Dossiers por medio, pero nuestras manos se rozan. ‘Pablo… esto…’, dudo, pero él me agarra la nuca. ‘Shh, calla. Te he visto mirándome la polla en las reuniones’. Me besa, lengua dentro, salvaje. Manos por todas partes. Me sube la falda, dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta’, gruñe. Yo gimo bajito, ‘Sí, fóllame, pero rápido, que vuelve el guardia’.
No espera. Me pone a cuatro patas sobre la mesa, dossiers volando. Baja mis bragas de un tirón. Siento su polla dura contra mi culo. Gruesa, venosa, palpitando. ‘Mira cómo te abro el coño’, dice, escupiendo en la punta. Empuja de golpe, hasta el fondo. ¡Ay, joder! Duele y mola a la vez. Me folla fuerte, palmadas en el culo que resuenan. ‘Tu coño aprieta como una virgen, Laura’. Yo empujo hacia atrás, ‘Más, cabrón, rómpeme’. Cambia, me sube a la mesa, piernas abiertas. Me come el clítoris, lengua girando, chupando mis labios hinchados. ‘Sabes a puta en celo’, murmura. Le agarro la cabeza, me corro gritando bajito, jugos por su barbilla.
El polvo brutal y sin filtros
Ahora él. Se pone de pie, polla en mi boca. La chupo profunda, saliva cayendo, bolas en la mano. ‘Trágatela toda, zorra’. Me folla la garganta hasta que lagrimeo. Luego, me gira, contra la cristalera. Polla dentro otra vez, embiste como animal. Siento cada vena rozando mis paredes. ‘Me voy a correr dentro’, jadea. ‘Sí, lléname de leche’. Explota, chorros calientes inundando mi útero. Yo tiemblo, segundo orgasmo, uñas en su espalda. Sudor, olor a sexo por todo el despacho.
Paramos jadeando. Rápido, nos arreglamos. Falda abajo, corbata puesta. Limpio su semen que gotea por mi muslo con un kleenex. ‘Vuelve a tu mesa, como si nada’, susurra con guiño. Salgo, piernas temblando. Minutos después, él abre la puerta: ‘¡Laura, el informe está perfecto!’. Sonreímos cómplices. El guardia pasa, ni se entera. Corazón a mil, coño palpitando aún. Mañana, más. Esto es adictivo.