Mi follada prohibida en la oficina: midiendo pollas y corridas calientes

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Trabajo en una oficina abierta, llena de escritorios pegados, con vistas a la calle. David, mi colega favorito, es rubio, ojos azules intensos, cuerpo atlético, poco vello… su polla depilada me vuelve loca. Benjamin es más alto, moreno, peludo en el pecho, 1,85 m de puro nervio. Ayer entró Alain, el jefe, y Stéphane, un cliente. Estábamos revisando dossiers en la sala de reuniones, puerta entreabierta.

Los miradas cruzadas… uf. Mientras hojeaba papeles, noté cómo David se ponía tieso bajo la mesa, rozándome la pierna. ‘¿Todo bien?’, le susurré, mordiéndome el labio. Él sonrió, pícaro. Benjamin carraspeó, su paquete abultado. Alain cerró la puerta con llave. ‘Para concentrarnos’, dijo. El aire se cargó. Mis pezones duros contra la blusa. Stéphane guiñó: ‘Medimos avances… ¿y si medimos algo más?’.

La tensión sube entre los escritorios

Hice como que dudaba. ‘¿Las… pollas?’. Silencio. Risas nerviosas. ‘Venga, chicas como tú lo adoran’, dijo Alain. Bajé la cremallera de David primero. Su verga saltó, curva hacia arriba, glande hinchado. ‘Joder, qué bonita’, murmuré, acariciando sus huevos suaves. Besé su boca, lenguas enredadas, mientras peloteaba. Se puso a 15 cm, gorda. Benjamin ya dura, 12 cm fina. Stéphane sacó la cinta métrica. ‘A la base, contra el hueso’. Midió David: 15 cm largo, 12 de grosor. ‘¡Mención bien!’, bromeó Alain.

Camille, mi compi, midió a Benjamin. Luego nos tocó a los jefes. Les pajereamos. Alain 18 cm, Stéphane 19. ‘Ahora a chupar’, ordenó Stéphane. Me tumbé en la mesa, coño al aire sin bragas. David y Benjamin flanqueaban mi cara, pollas rozando labios. Lamí sus glandes salados. ‘Mmm, rico’, gemí. Camille me lamió el clítoris, preparándome. Metí a David en boca, succionando, lengua en el frenillo. Pasaba de uno a otro, 15 seg cada vez. Les tetas manoseadas, pezones pellizcados. ‘¡Con un dedo ahí!’, guió Alain.

El polvo brutal y la corrida en mi coño

‘Concéntrate en Benjamin’, dijo Stéphane. Chupé fuerte, bolas en mano. Él explotó: chorros calientes sobre mi coño abierto. Leche espesa en labios mayores, clítoris untado. Camille lamió todo, lengua hurgando mi ano, tragando corrida. ‘Sabe a gloria’, jadeó. Luego David con Camille: facial y en boca. Besos con semen compartido, lenguas blancas mezcladas. Adrenalina máxima, puerta cerrada pero voces afuera. Fessée en la mesa: David me levantó falda, bajó slip, palmadas en culito. ‘¡Ay! Duele… pero rico’. Benjamin frotó dedos en mi raja húmeda.

Corridas por doquier, coños pringados. Nos besamos todos, saboreando restos. ‘Imaginad un examen de pollas en la oficina’, reímos. ‘O fessées públicas’. Jefes propusieron más mañana, con vecinos del piso de arriba que espiaban por la ventana. Asentimos, excitadas.

De golpe, serio. Limpiamos con kleenex, pollas guardadas, blusas planchadas. ‘Reunión acabada’, dijo Alain. Salimos sonriendo, como si nada. Regresé a mi escritorio, coño goteando aún, mirando a David. Mañana… uf, ¿pillados? La oficina nunca fue igual.

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