Mi polvo prohibido en la oficina con el ingeniero belga

Trabajo en una oficina de Madrid, en una empresa de maquinaria industrial. Hoy llega Jean, un ingeniero belga cuarentón, con pelo gris y ojos que taladran. Viene a instalar tornos y formar al equipo. Pelo gris, pero cuerpo atlético, se nota que viaja mucho. Desde que entra, noto su mirada. Yo soy Sofia, treinta y pico, española abierta, con curvas angoleñas que heredé de no sé dónde, tetas firmes y culo que vuelve locos.

Estamos en la sala de reuniones, apilando expedientes. Él explica los planos, yo archivo papeles. Nuestras manos se rozan. ‘Perdón’, dice con acento sexy. Yo sonrío, ‘No pasa nada, Jean’. El aire se carga. Sus ojos bajan a mi escote, mi blusa ajustada deja ver el negro del sujetador. Siento calor entre las piernas. ‘Estos dossiers son un coñazo’, digo, para romper el hielo. Él ríe, se acerca más. Huele a colonia fresca, sudor limpio de avión.

La tensión sube con los expedientes

La sala está al fondo, nadie pasa mucho. Cierro la puerta con pestillo. ‘Mejor así, para concentrarnos’, miento. Él asiente, pero su polla ya marca en los pantalones. Nos sentamos cerca, muslos tocándose. ‘Sofia, eres… intensa’, murmura. Yo me muerdo el labio. ‘Tú tampoco te quedas atrás. ¿Qué haces cuando viajas solo?’. Silencio. Sus dedos rozan mi rodilla. Suben despacio. Mi coño palpita. ‘Shh, espera’, digo, pero abro las piernas un poco.

El espacio se hace privado. Apago la luz principal, solo la lámpara de mesa. Expedientes por el suelo. Nos miramos. ‘Joder, no aguanto’, suelta él. Yo le cojo la mano, la meto bajo mi falda. ‘Tócame, cabrón’. Sus dedos encuentran mi tanga empapada. ‘Estás chorreando’, dice, metiendo uno dentro. Gimo bajito. ‘Sí, por ti’. Le desabrocho la camisa, pelo gris en el pecho, duro. Le bajo la cremallera. Su polla salta, gruesa, venosa, no recta del todo, cabezona roja. ‘Mmm, mundélica y grande’, digo riendo.

El follón intenso y la vuelta al curro

Le empujo contra la mesa. ‘Ahora te la chupo’. Me arrodillo, saliva en la boca. La lamo desde las huevos, pesadas y llenas. ‘Joder, qué lengua’, gime él. La meto entera, chupando fuerte, garganta profunda. Sus manos en mi pelo, empujando suave. ‘Para, o me corro’. Yo acelero, bolas en la mano, masajeando. ‘Córrete en mi boca, quiero tu leche’. Él tiembla, ‘¡Hostia!’. Sale a chorros, espesa, dulce. La trago toda, lamiendo restos. ‘Sabe a gloria, mejor que mi ex’.

No paramos. Le pongo condón rápido. Me subo a la mesa, falda arriba, tanga a un lado. ‘Fóllame duro, Jean’. Mi coño peludo y mojado lo engulle. ‘¡Qué apretado y caliente!’, gruñe. Me clava, embestidas salvajes, mesa cruje. Tetazas rebotando, él las mama, muerde pezones duros. ‘¡Más fuerte, joder!’. Siento su polla rozar el punto G, clítoris hinchado frotando su pubis. Grito ahogado, ‘Me corro, cabrón’. Él acelera, sudando. ‘Yo también’. Eyacula dentro del condón, gruñendo. Yo tiemblo, jugos por las piernas.

Respiramos agitados. ‘Ha sido… brutal’, dice él, besándome. Yo sonrío, ‘Pero ahora, al lío. Queda trabajo’. Nos limpiamos rápido con toallitas del cajón. Vuelvo a ponerme la tanga húmeda, él se sube los pantalones. Expedientes en orden, como si nada. Abro la puerta. ‘Seguimos mañana’, digo profesional. Él guiña, ‘Claro, jefa’. Salgo al pasillo, piernas flojas, coño palpitando aún. Adrenalina máxima, por si nos pillan. Mañana más, pero ahora, reunión con el equipo. Sonrío, secreto guardado.

Leave a Comment