Trabajo en una oficina en Madrid, rodeada de escritorios y carpetas. Hoy entró Javier, el nuevo del marketing. Alto, moreno, con esa sonrisa que te calienta de golpe. Desde la mañana, nos cruzamos miradas. Yo en mi mesa, él en la suya, dos metros nos separan. Siento sus ojos en mis tetas, bajo la blusa blanca ajustada. Me remuevo en la silla, las bragas ya un poco húmedas. ¿Será que nota cómo se me marcan los pezones?
—Ey, Carmen, ¿me pasas el informe de ventas? —me dice pasando por mi lado, rozándome el brazo. Su voz grave, joder. Le sonrío, coqueta: —Claro, pero ven, te lo enseño aquí. Se acerca, su cuerpo cerca del mío. Huelo su colonia, mezcla de madera y algo masculino. Nuestras manos se tocan al pasar las hojas. Un escalofrío. Miro alrededor: compañeros tecleando, el jefe en su despacho. Nadie mira.
La tensión subiendo entre miradas y papeles
La mañana avanza, pero la polla en mis pensamientos crece. En la pausa del café, en la cocina chunga, nos quedamos solos. —Estás buena hoy —susurra, pegado a mí. —Tú tampoco te quedas atrás —le digo, mordiéndome el labio. Su mano roza mi culo por encima de la falda. Corazón a mil. ¿Y si entra alguien? Esa adrenalina me pone cachonda perdida.
Después de comer, el momento. La sala de reuniones vacía, puerta con pestillo. —Ven, revisamos los datos —le digo, pero ya sé que no es eso. Entramos, cierro. Sus ojos brillan. Me empuja contra la mesa, labios en mi cuello. —Joder, Carmen, no aguanto más. —Yo tampoco… fóllame.
Sus manos suben mi falda, bajan las bragas negras. Siento el aire en mi coño rasurado, ya chorreando. Me besa fuerte, lengua dentro, salvaje. Le desabrocho el pantalón, saco su polla dura, gruesa, venosa. Dios, qué pedazo. La aprieto, palpita. —Chúpamela —gime. Me arrodillo en la moqueta sucia, la meto en la boca. Saliva por todos lados, chupando el glande, lengua en el frenillo. Él gime bajito, mano en mi pelo: —Sí, así, puta… más hondo. La empujo hasta la garganta, tosiendo un poco, pero me encanta. Su precum salado en mi lengua.
El polvo brutal y la vuelta al curro como si nada
Me levanta, me pone en la mesa, piernas abiertas. Mira mi coño: —Estás empapada, zorra. —Sí, métemela ya. Frota la polla en mi raja, entra de golpe. ¡Aaaah! Llena, dura, me estira. Empieza a bombear, fuerte, la mesa cruje. Tetazas fuera de la blusa, él las mama, pica pezones. Yo araño su espalda: —Más rápido, joder, rómpeme el coño. Sudor, olor a sexo, el pestillo tiembla con cada embestida. Oímos voces fuera, ¡mierda! Pero no paramos. Me gira, a cuatro patas, polla en mi culo no, espera, en el coño otra vez. Dedos en mi ano, lubricado con mi propia leche. —Quiero tu culo —dice. Escupo en su polla, guía: entra despacio, duele rico. Gimo ahogada: —Sí, fóllame el culo, cabrón.
Clímax brutal. Él late dentro, saca, chorro de leche en mi espalda, caliente. Yo me corro frotándome el clítoris, piernas temblando, coño contrayéndose. Jadeamos. Rápido, nos limpiamos con kleenex. Falda abajo, bragas puestas, semen goteando aún. Polla dentro, cremallera up.
Salimos, sonrisas normales. —Gracias por la reunión —digo alto. Él guiña: —Cuando quieras. Volvemos a mesas, tecleando como si nada. Pero mi coño palpita, su mirada promete más. Adrenalina total, casi pillados. Mañana… ¿repetimos?