Ay, chica, te cuento esto como si acabara de pasar. Trabajo en esta oficina de mierda, papeleo hasta el cuello, yo con mis cincuenta y pico, soltera, un poco dejada, barriga floja y todo eso. Eh… no me miro mucho al espejo, ¿sabes? Y ahí está él, el compañero del cubículo de al lado, un tipo seco, malcarado, siempre refunfuñando por los archivos mal puestos, las pilas de carpetas que invaden su espacio. ‘¡Joder, Ingrid, mueve esa porquería!’, me suelta cada dos por tres, con esa voz rasposa que me pone los pelos de punta.
Al principio lo esquivaba, pero estos días… uf, con tanto estrés, facturas atrasadas, la jefa respirándome en la nuca… él empezó a ‘ayudar’. ‘Ven, te echo una mano con estos expedientes’, me dice un viernes tarde, oficina casi vacía. Sus ojos, grises y duros, se clavan en mí mientras apilo carpetas. Siento su aliento cerca, huele a café fuerte y tabaco viejo. Mis manos rozan las suyas, eh… un cosquilleo, joder. ‘Estás sudando’, murmura, y su mirada baja a mi blusa, donde mis tetas apretadas asoman un poco. Me pongo roja, pero no me aparto. La tensión sube, el aire se espesa.
La tensión sube entre papeles y miradas
De repente, ‘Ven a la sala de archivos, hay que ordenar esto antes de que cierre’, me ordena, voz baja. Entro detrás, la puerta se cierra con un clic. Espacio privado, eh… estantes hasta el techo, polvo flotando, luz tenue. Se acerca demasiado, su cuerpo duro contra el mío. ‘Siempre has sido una desordenada’, dice, pero su mano roza mi cadera. Yo… titubeo, ‘Pierrot, no… aquí no’. Pero mis pezones se endurecen, siento el calor entre las piernas. Él gruñe, ‘Cállate’, y me besa, áspero, barba raspando mi piel. Sus manos palpando mi culo gordo, apretando. ‘Me pones cachondo desde hace días, Ingrid’. Dios, el riesgo, voces lejanas en la oficina, adrenalina pura.
El polvo brutal y la vuelta al curro
No aguanto más. Le bajo la cremallera, saco su polla gruesa, venosa, ya tiesa como una barra. ‘Joder, qué pollaona’, susurro, oliendo su olor masculino, sudor y deseo. Me arrodillo, la chupo, lengua en el glande, saliva chorreando, él gimiendo bajo, ‘Así, cabrona, trágatela’. Me pone de pie, sube mi falda, rompe mis bragas con un tirón. Dedos en mi coño, mojado perdido, ‘Estás empapada, puta’. Me empotra contra el estante, polla embistiendo de golpe, dura, profunda. ‘¡Ahhh!’, grito bajito, sus embestidas brutales, pelotas golpeando mi culo. Me folla como animal, salvaje, yo arqueada, tetas botando, ‘Más fuerte, joder, rómpeme el coño’. Sudor goteando, papeles cayendo, su mano en mi boca para no gritar. Cambia, me da la vuelta, por detrás, polla hundiéndose en mi chocho chorreante, pellizcando mis pezones flojos. ‘Te voy a llenar, zorra’, gruñe, acelerando, yo al borde, clítoris hinchado, corriéndome fuerte, espasmos, ‘¡Síii!’. Él eyacula dentro, leche caliente inundándome, jadeando.
Uf… se aparta, polla chorreando todavía. Nos miramos, sofocados, ropa arrugada. ‘Vístete rápido’, dice seco, abrochándose. Yo me bajo la falda, bragas rotas en el bolsillo, coño goteando su corrida. Salimos, él delante, yo detrás, caras serias. Volvemos a los escritorios, ‘Mañana seguimos con los informes’, suelta normal, como si nada. Yo asiento, piernas temblando, sentada, sintiendo su semen resbalando. Adrenalina loca, sonrisa escondida. Mañana… quién sabe.