Mi paja secreta bajo la mesa que acabó en follada brutal en la oficina

Oye, soy Lola, trabajo en una oficina cutre pero emocionante en el centro de Barcelona. Tengo 34 tacos, pelo moreno, curvas que vuelven locos a los tíos del curro. Soy super abierta, me flipa el morbo de follar donde no toca, esa adrenalina de que te pillen… uf. Te cuento lo que me pasó hace dos días, como si estuviera reviviéndolo ahora mismo. Aún me mojo al pensarlo.

Reunión grande en la sala del fondo, jefes viejos rancios del comité, unos 20. Yo al lado de Marc, el nuevo, 28 años, ambicioso, con esa cara de niño bueno pero ojos de lobo. Falda lápiz ajustada, sin bragas debajo, porque… ¿para qué? Él echa miraditas a mis piernas cruzadas, yo le sonrío pícara. El presi suelta datos de ventas, aburridísimo, todos toman notas.

La tensión subiendo entre carpetas y miradas

Mi mano baja despacito por debajo de la mesa. Rozo su muslo. Se tensa, me mira: —¿Qué coño…? —susurra bajito, voz temblorosa. —Shhh, calla, confía —le digo con guiño, mordiéndome el labio. Deslizo los dedos hasta su bragueta, ya dura como piedra. Joder, qué bulto. La abro con cuidado, ZAS, saco su polla gorda, venosa, el glande hinchado reluciendo un poco de pre-semen. Empiezo vaivenes lentos, piel suave contra mi palma sudorosa. Él agarra el boli fuerte, intenta hablar cuando le toca: —Eh… sí, los números… suben —tartamudea, voz ronca. Yo acelero un segundito con el pulgar en la cabeza, resbaladizo, oliendo a macho. Miradas cruzadas, fuego puro, corazón latiendo fuerte. ¿Y si el viejo de al lado nota? Meneo la mano más hondo, siento sus huevos tensos. Casi se corre cuando proponen un proyecto, aprieta los dientes.

El polvo crudo e intenso sin filtro

Reunión acaba, todos se levantan. —Voy a por un café —digo yo, él asiente con ojos hambrientos. Corro al pasillo, despacho vacío al fondo, el de contabilidad que nadie usa. Entro, dejo la puerta entreabierta. Entra él, jadeante: —Estás loca, joder… pero qué puta pasada. Lo empujo contra la mesa, beso salvaje, lenguas enredadas, saliva mezclada. —Te voy a chupar hasta que supliques —gruño. Me arrodillo, falda subida, coño húmedo goteando. Trago su polla entera, garganta profunda, glug glug, bolas en la mano masajeando. Él gime: —¡Hostia, Lola, me vas a matar! Chupo fuerte, lengua en la vena, saliva chorreando por su pubis negro. Me levanto, él me da la vuelta, bragas abajo de un tirón. —Mira qué coño mojado —dice, mete dos dedos, chapoteo. Me penetra de golpe, polla enorme abriéndome, dolor-placer. —¡Fóllame duro, cabrón! —grito bajito. Me empala contra la mesa, papeles volando, culazo rebotando slap slap. Cambiamos, yo a cuatro, él desde atrás, pellizcando tetas, pezones duros. —¡Más adentro, joder! Siento su glande chocando el útero, coño chorreando jugos por muslos. Me corro primero, espasmos, apretando su verga como puño, —¡Síii, me vengo! Él acelera, —Me corro, puta… —y me inunda de leche caliente, chorros pegajosos dentro, desbordando.

Sudados, jadeos, olor a sexo fuerte. Oímos voces fuera, pánico. Rápido, nos subimos pantalones, yo bragas torcidas, falda arrugada. —Venga, como si nada —digo riendo nerviosa. Salimos, caras rojas, volvemos a nuestros sitios. Él me guiña: —Repetimos, ¿eh? Toda la tarde currando, coño dolorido con su semen secándose, sonriendo como tontos. Nadie sospechó. Pero yo ya planeo la próxima.

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