Follada prohibida con mi jefe en la oficina: adrenalina pura

Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Soy Laura, 32 años, secretaria en una empresa grande aquí en Madrid. Pelo moreno, curvas que no pasan desapercibidas, y un vicio por el riesgo que me pone a mil. Mi jefe nuevo, Carlos, un cincuentón con traje caro y ojos que te desnudan, me ascendió a asistente personal hace un mes. Salario brutal, pero con ‘disponibilidad total’, dijo guiñándome el ojo. Mi marido, Eric, lo sabe y… bueno, le excita la idea. Pero hoy… uf, hoy ha sido épico.

Estábamos en su despacho grande, ventanales con vistas a la ciudad, pero persianas a medio bajar. Revisando informes, yo sentada al borde de su mesa, falda lápiz subiendo por los muslos. Él de pie, acercándose mucho. ‘Laura, estos números no cuadran’, murmura, pero su mirada va a mi escote. Siento su aliento caliente en el cuello, eh… olor a colonia cara mezclada con café. Le sonrío, cruzo las piernas despacio, dejando ver el borde de las ligas. ‘¿Quieres que lo miremos juntos?’, digo juguetona, mordiéndome el labio.

La tensión que sube entre dossiers y miradas

Se acerca más, su mano roza mi rodilla. ‘Eres una tentación, joder’, susurra. El corazón me late fuerte, la puerta cerrada pero oigo voces fuera, colegas pasando. Adrenalina pura. Me inclino, mis tetas casi saltan del sujetador push-up. Él traga saliva, mano sube por mi muslo, dedos ásperos tocando la piel suave. ‘Carlos, nos pueden pillar…’, digo bajito, pero abro las piernas un poco. Sus ojos brillan, eh… ya se le nota el bulto en los pantalones. El espacio se cierra, solo nosotros, el aire cargado de deseo.

De repente, me agarra la nuca y me besa fuerte, lengua invasora, sabor a menta y hombre maduro. Yo gimo suave, manos en su pecho ancho. ‘Quítate las bragas’, ordena ronco. Temblando de vicio, me bajo el tanga negro, empapado ya, y se lo doy. Lo huele, sonríe lobuno. ‘Buena chica’. Me pone de rodillas entre sus piernas, bajo la cremallera. Su polla salta, gruesa, venosa, cabezona roja y dura como piedra. ‘Mámala, Laura’, gruñe. La cojo, pesada en mi mano, lamo la punta salada de precum. Él jadea, dedos en mi pelo.

El acto brutal: polla, coño y gemidos sin filtro

La chupo honda, garganta apretada, babas chorreando por la barbilla. ‘Joder, qué boca, puta caliente’, dice apretando dientes. Yo acelero, huevos peludos en mi mentón, gimiendo vibraciones. Se pone tieso, me levanta y me empotra en la mesa. Papeles vuelan. Falda arriba, coño depilado al aire, chorreando jugos. ‘Métemela ya’, suplico jadeante. Escupe en su mano, frota mi clítoris hinchado, mete dos dedos gruesos, me folla con ellos. ‘Estás inundada, zorra’. Luego, polla contra mi raja, empuja de un golpe. ‘¡Aaaah!’, grito ahogado, llena hasta el fondo, paredes apretando su tronco venoso.

Me taladra salvaje, mesa crujiendo, tetas botando libres fuera del sujetador. ‘Fóllame más duro, jefe, rómpeme el coño’, gimo entre dientes. Él embiste como animal, huevos golpeando mi culo, sudor goteando. Siento cada vena pulsando, clítoris frotando su pubis. ‘Me vengo, joder…’, aviso, uñas en su espalda. Orgasmos me sacude, coño convulsionando ordeñando su polla, chorros calientes bajando por muslos. Él ruge, ‘Toma mi leche, puta’, y descarga chorros espesos dentro, inundándome, semen caliente mezclándose con mis jugos. Oigo pasos fuera, eh… casi nos pillan, eso me hace correrme otra vez.

Jadeamos pegados, su polla aún dura dentro, palpitando. Se sale despacio, semen chorreando de mi coño abierto, goteando al suelo. Me limpia con su pañuelo, beso suave. ‘Eres increíble, Laura’. Me bajo la falda, arreglo el pelo, labios hinchados. Él se sube los pantalones, polla satisfecha guardada. Recogemos papeles rápido, sonrisas cómplices. ‘Volvamos al trabajo, que hay reunión en diez’, dice profesional. Abro la puerta, salgo primero, piernas temblando, coño palpitando con su corrida adentro. Nadie nota nada, pero yo… viva de placer prohibido. Esta noche se lo cuento todo a Eric, con fotos mentales. Uf, qué vicio.

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