Mi follada salvaje en la oficina con mi compañero de trabajo

¡Dios, tres semanas sin verlo! En la oficina, entre pilas de dossiers y reuniones eternas, no paraba de mirarlo. Marco, mi compañero del departamento contable. Alto, moreno, con esa sonrisa que me ponía la piel de gallina. Yo, con mi falda ajustada y blusa escotada, notaba sus ojos clavados en mis tetas cada vez que pasaba por su mesa. ‘Eh, ¿necesitas ayuda con eso?’, me decía, rozándome el brazo. Yo, roja como un tomate, ‘sí, claro… ven a mi escritorio’. Pero nada, solo roces, miradas que quemaban. El corazón me latía fuerte, imaginando su polla dura bajo esos pantalones.

Hoy, viernes, la jefa se fue temprano. ‘Quédate, tenemos que cerrar el informe’, me dijo Marco por WhatsApp. Impaciente, nerviosa, como una cría antes de su primera cita. A las ocho, el office vacío. Cerró la puerta de su despacho con llave. Click. Ese sonido… supe que no había vuelta atrás. ‘Ven aquí’, murmuró, acercándose. Su mano en mi cintura, aliento caliente en mi cuello. ‘Joder, no aguanto más tus curvas’, dijo. Yo, temblando, ‘¿y si nos pillan?’. Él rio bajito, ‘eso es lo que mola’. Me besó, lengua dentro, manos subiendo mi falda. Sentí su paquete duro contra mi muslo. ‘Estás empapada’, gruñó, metiendo dedos en mi tanga. Gemí, arqueándome.

La tensión entre expedientes y miradas

Me empujó contra el escritorio, papeles volando. ‘Quítate la blusa’, ordenó. Obedecí, tetas al aire, pezones duros. Él se bajó los pantalones, ¡madre mía, esa polla gruesa, venosa, goteando pre-semen! ‘Chúpamela, puta’, dijo crudo. Me arrodillé, olor a macho, saliva cayendo. La engullí, lengua en el glande, bolas en la mano. ‘¡Joder, qué boca!’, jadeó, follándome la garganta. Tosí, pero seguí, babeando toda. Me levantó, ‘ahora tu coño’. Me tumbó en la mesa, piernas abiertas. Lamida mi clítoris, lengua en el ano. ‘¡Sí, lame mi culo!’, grité bajito. Dos dedos dentro, chupando fuerte. Mi coño chorreaba, orgasmo cerca.

El polvo brutal y el regreso al curro

‘No pares’, supliqué. Pero él, ‘quiero follarte ya’. Lubricante del cajón –¡el cabrón lo tenía preparado!– en su polla. ‘¿Anal?’, pregunté, excitada y muerta de miedo. ‘Sí, relájate’. Empujó el glande contra mi ojete virgen. Dolor, pero rico. ‘¡Despacio!’, gemí. Entró centímetro a centímetro, estirándome. ‘¡Qué culo apretado!’, rugió. Empezó a bombear, lento primero, luego bestia. Plaf, plaf, contra mis nalgas. ‘¡Fóllame más fuerte, Marco!’. Él me agarraba las caderas, polla hundiéndose hasta las bolas. Sudor, olor a sexo, mesa crujiendo. Me masturbaba el clítoris, ‘¡me corro!’. Explosión, coño contrayéndose, él gruñendo, ‘¡toma mi leche en el culo!’. Jets calientes dentro, llenándome.

Jadeando, él salió, semen goteando. ‘Joder, increíble’, susurró, besándome. Nos limpiamos rápido con toallitas del baño. ‘Vístete, en cinco minutos hay reunión virtual’, dijo riendo. Yo, piernas temblando, falda arrugada, peinado hecho un desastre. Salimos del despacho como si nada. ‘Buen fin de semana’, me dijo delante de los demás, guiñando ojo. Yo, sonriendo, ‘sí, genial’. Adentro, el culo ardiendo, coño palpitando. Regresamos a nuestros puestos, tecleando informes. Nadie sospechó. Pero yo… ya planeaba la próxima.

Leave a Comment