Follada en la oficina: mi noche de sexo prohibido con el jefe

Uff, no sabes lo que fue. Trabajo en esta empresa de consultoría, soy Émilie, española de pura cepa, rubia, atlética de tanto nadar. Este verano, con el calor, me pongo faldas cortas, blusas escotadas sin sujetador. Mis tetas grandes se marcan, el culo perfecto en minishorts. Y él, mi compañero Carlos, alto, fuerte, siempre mirándome. Pasamos horas solos en la oficina, revisando dossiers, resultados, reclutando gente. Él en su silla, yo inclinada sobre la mesa, y noto sus ojos en mi escote. ‘Émilie, ese informe está genial’, dice, pero su voz tiembla un poco. Yo sonrío, me estiro para que vea más. El aire acondicionado zumba, pero sudamos. Nuestras rodillas se rozan bajo la mesa. ‘¿Calor, eh?’, le digo, mordiéndome el labio. Él asiente, carraspea. Las noches se alargan, la oficina vacía, solo luces tenues. Un día, cojo un café, me acerco por detrás, mi pecho roza su hombro. ‘¿Necesitas algo más?’, susurro. Él gira, nuestros rostros cerca, aliento caliente. No pasa nada… aún. Pero la polla se le marca en los pantalones. Lo veo. Me mojo solo de pensarlo.

Esa noche fatal, eran las once. Oficina desierta, solo nosotros terminando el proyecto. ‘Vamos a acabarlo hoy’, dice él, serio. Pero yo sé que hay más. Cierro la puerta del despacho privado, bajo la persiana. ‘Para concentrarnos’, miento. Nos sentamos cerca, muslos pegados. Sus manos en los papeles, pero una cae en mi rodilla. No la quita. Yo abro las piernas un poco. ‘Carlos… ¿me deseas?’, pregunto bajito, voz ronca. Él me mira, ojos oscuros. ‘Joder, Émilie, desde hace meses’. Me besa, salvaje. Lenguas enredadas, saliva, gemidos. Le arranco la camisa, toco sus pectorales duros. Él me baja la blusa, mis tetas saltan libres, pezones duros. ‘Qué pechos tan perfectos’, gruñe, chupándolos fuerte. Gimo, arqueo la espalda. Le desabrocho el pantalón, saco su polla enorme, venosa, tiesa. ‘Mira esto… para mí’, digo, masturbándola lento. Él jadea, mete mano en mi falda, quita las bragas. Dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta’, dice. Me corro ya, piernas temblando.

La tensión entre los expedientes y las miradas

Me pone sobre el escritorio, papeles volando. Abre mis piernas, lame mi coño como loco. Lengua en el clítoris, chupando jugos. ‘¡Sí, come mi coño, joder!’. Grito bajito, por si alguien oye. Me folla con la lengua, dedos dentro, hasta que exploto, squirteo en su cara. Salado, férreo, él lo lame todo. ‘Ahora te voy a follar como una perra’. Me gira, levanto el culo. Entra de golpe, polla gruesa partiéndome. ‘¡Aaaah, qué grande!’. Embiste fuerte, huevos golpeando mi clítoris. Sudor goteando, olor a sexo fuerte. Me agarra las caderas, me azota el culo. ‘Tu coño aprieta como una virgen’. Cambio, me monto encima, cabalgo salvaje, tetas rebotando. Él las mama, pica pezones. ‘Córrete dentro, lléname de leche’. Gime, acelera. Siento su polla hincharse, chorros calientes en mi útero. Yo me corro otra vez, uñas en su pecho, gritando. Anal? ‘¿Quieres mi culo?’, pregunto jadeando. Lubrica con mi propia leche, entra despacio. Duele rico, me folla el ojete hasta que chillo de placer. ‘¡Más, rómpeme!’. Él eyacula otra vez, profundo.

Uf, exhaustos, sudorosos. Nos miramos, risas nerviosas. ‘Ha sido… increíble’, dice él, besándome suave. Nos limpiamos con kleenex, recogemos papeles. Me visto rápido, falda arrugada, bragas mojadas en el bolso. ‘Nadie se enterará’, susurro, guiñando. Apagamos luces, salimos como si nada. Mañana, en la reunión, nos miramos, sonrisas cómplices. Él pasa el café, yo el dossier. Adrenalina pura, el secreto nos une más. Pero ya quiero más…

Leave a Comment