Follada salvaje en la oficina: Mi secreto con Luis

Ay, chicas, no sabéis lo que me pasó ayer en la oficina. Soy Carla, trabajo de secretaria en una empresa de abogados, y Luis… uf, Luis es el jefe de equipo. Alto, moreno, con esa mirada que te calienta el coño sin decir nada. Llevamos semanas con esto, miraditas por encima de los dossiers, roces ‘accidentales’ al pasarnos los papeles. Ayer fue el día que explotó todo.

Estábamos solos en la sala de reuniones, revisando el caso del cliente gordo. La puerta entreabierta, pero el resto de la oficina en su rollo. Él se acerca, eh… su aliento en mi cuello mientras señala una cláusula. ‘Mira aquí, Carla’, dice bajito, y su mano roza mi muslo bajo la mesa. Me pongo tiesa, el corazón latiendo fuerte. Levanto la vista, sus ojos clavados en los míos, oscuros, hambrientos. ‘¿Qué pasa, Luis?’, susurro, pero ya sé. Él sonríe, esa sonrisa de depredador. ‘Sabes lo que pasa. Llevas semanas provocándome con esa falda’. Dios, el calor sube, mis bragas ya húmedas. Cierro la carpeta, me muevo en la silla, rozando su pierna. Él no se aparta. Alarga la mano, la pone en mi rodilla, sube despacio. ‘Luis… la puerta…’, digo nerviosa, pero no paro su mano. La cierra con un clic. Ahora sí, privado. Su espacio, su regla. Me besa el cuello, mordisquea. ‘Cállate y déjame’, gruñe. Mi coño palpita, la adrenalina me inunda. ¿Y si entra alguien? Eso me pone más.

La tensión entre papeles y miradas

Me pone de pie, me gira contra la mesa. Levanta mi falda, arranca las bragas de un tirón. ‘Joder, Carla, estás empapada’, dice riendo. Siento sus dedos abriéndome, metiéndose dentro, dos de golpe. Gimo, fuerte, tapándome la boca. ‘Quieta, puta’, me ordena, y me da una nalgada que resuena. Duele rico. Se desabrocha el pantalón, saca la polla. Gruesa, venosa, tiesa como una barra. La frota contra mi culo, luego contra mi coño chorreante. ‘Pídemelo’, exige. ‘Fóllame, Luis, por favor… métemela ya’, suplico, temblando. Empuja, de una estocada profunda. Lleno hasta el fondo, su pubis contra mi clítoris. Grito ahogado. Empieza a bombear, fuerte, salvaje. La mesa cruje, papeles vuelan. ‘Tu coño es mío, ¿entiendes?’, jadea, agarrándome el pelo. Asiento, arqueo la espalda. Cada embestida me parte, el placer quema. Me folla como un animal, sudado, gruñendo. Saco una mano atrás, toco sus huevos pesados, duros. ‘Más rápido, joder’, le digo. Obedece, me da en el culo mientras me taladra. Mi jugo chorrea por mis muslos, huelo a sexo puro. Cambio de posición: me sube a la mesa, piernas abiertas. Se hunde de nuevo, chupándome las tetas por encima de la blusa. Mordisquea el pezón, lo pellizca. Estoy al borde, el orgasmo sube como una ola. ‘Córrete, zorra, córrete en mi polla’, manda. Exploto, convulsiono, grito su nombre. Él sigue, tres embestidas más y se corre dentro, caliente, llenándome. Joder, qué chorro.

Nos quedamos jadeando, pegados. Su polla aún dentro, palpitando. Se retira despacio, un hilo de semen sale de mi coño. Me baja la falda, me besa suave. ‘Vístete rápido, que viene la reunión’, dice serio, como si nada. Me limpio con unas servilletas, el coño sensible, adolorido. Él guarda la polla, cierra el pantalón. Recogemos papeles, enderezamos la mesa. Abro la puerta, salimos. Él va a su despacho, yo al mío. ‘Gracias por el informe, Carla’, dice alto para todos. Sonrío, piernas temblando. Vuelvo al teclado, el coño goteando su leche. Nadie nota nada. Pero yo… uf, revivo cada segundo. La adrenalina, el riesgo… quiero más.

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