Mi follada prohibida en la oficina con Gabriel y Lena

Trabajo en una oficina grande, de esas con ventanales que dan a la ciudad. Soy la recepcionista, siempre con faldas cortas que dejan ver mis muslos. Gabriel es el jefe de ventas, alto, con esa mirada que te desnuda. Lena, su asistente, una morena con tetas grandes y culo redondo. Desde que llegó, noto cómo nos miramos. Eh… no sé, al principio eran roces ‘accidentales’. Su mano en mi cintura al pasar papeles, yo rozando su paquete con el brazo. La tensión crecía, ¿sabes? Cada día más pesada, como el aire antes de la tormenta.

Un viernes tarde, casi todos se van. Quedamos los tres revisando expedientes. ‘Venid a la sala de reuniones’, dice Gabriel, con esa voz ronca. Cerramos la puerta, bajo la persiana. El clic del pestillo me acelera el corazón. Lena se sienta en la mesa, cruza las piernas, su falda sube y veo su tanga negro. ‘Hace calor aquí, ¿no?’, murmura ella, desabotonando un botón de su blusa. Sus pezones marcan la tela. Yo me muerdo el labio, siento mi coño humedeciéndose. Gabriel se acerca, pone una mano en mi hombro. ‘Sabes que te deseamos desde hace semanas’, dice bajito. Le miro a los ojos, asiento. Lena se levanta, me besa el cuello. Huele a perfume y deseo. Sus labios suaves, mi piel erizándose.

La tensión subiendo entre papeles y miradas

De repente, todo explota. Lena me arranca la blusa, mis tetas saltan libres, pezones duros como piedras. ‘Joder, qué ricas’, gime ella, chupándomelas fuerte. Tira de mis pezones con los dientes, duele un poco pero me encanta. Gabriel ya tiene la polla fuera, enorme, venosa, goteando precum. ‘Chúpala’, ordena. Me arrodillo, la meto en la boca, saboreando su sal. La mama profunda, hasta la garganta, mientras Lena me mete mano en el coño por debajo de la falda. ‘Estás empapada, puta’, dice riendo. Me quita las bragas, mete dos dedos, me folla con ellos rápido. Gimo con la polla en la boca, saliva chorreando.

Gabriel me pone sobre la mesa, abre mis piernas. ‘Mira este coño depilado, listo para follar’. Me lame el clítoris, lengua girando, chupando mis labios hinchados. Lena se sube la falda, se quita el tanga y se sienta en mi cara. ‘Lámeme, zorra’. Su coño peludo, jugoso, lo devoro. Sabe a miel salada, le meto la lengua dentro, ella se mueve cabalgándome la boca. Gabriel empuja su polla en mi coño, de un golpe, hasta el fondo. ‘¡Ahhh! Joder, qué gruesa’, grito. Me folla duro, la mesa cruje, papeles volando. Cambio: ahora anal. Escupe en mi culo, mete la punta. Duele, pero empujo contra él. ‘Fóllame el culo, sí’. Entra entero, me parte, placer y dolor mezclados. Lena se masturba viéndonos, dedos en su coño chorreando.

El polvo brutal en la sala cerrada

Me corro primero, coño apretando, chorros saliendo. Gabriel sigue, saca y se corre en mi cara, leche caliente. Lena no para, me obliga a lamerla más. ‘Me voy a correr, ¡pisa!’. Se pone de pie sobre mí, orina un chorro caliente en mis tetas, luego se frota el clítoris y explota, squirt en mi boca. Todas jadeamos, sudorosas, oliendo a sexo puro.

De golpe, silencio. Nos miramos, sonreímos nerviosos. ‘Venga, a limpiar’, dice Gabriel. Cojo toallitas, limpiamos la mesa, la leche, el pis. Nos vestimos rápido, peinamos. Abro la persiana, salimos como si nada. ‘Mañana más papeles’, dice Lena guiñando. Vuelvo a mi puesto, piernas temblando, coño palpitando. El jefe pasa, me da un dossier: ‘Buen fin de semana’. Sonrío, secreto guardado. Adrenalina total, quiero más.

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