Mi polvo salvaje en la oficina: el riesgo de ser pillada me pone a mil

Trabajo en una oficina cutre del centro, papeleo hasta las narices. Llevo tres semanas sin mojar, desde que mi ex me dejó tirada. Cada día miro a Marcos, el nuevo de contabilidad. Piel oscura, músculos que se marcan bajo la camisa, culo prieto. Nos ponemos a revisar dossiers juntos, mesas pegadas. Sus piernas rozan las mías… uf, un cosquilleo sube por mi muslo. Levanto la vista, él me clava los ojos, sonrisa pícara. ‘¿Calor aquí, no?’, dice bajito. Asiento, mordiéndome el labio. El aire acondicionado zumba, pero yo sudo. Sus dedos rozan mi mano al pasar una carpeta. Joder, mi tanga ya está húmeda. El jefe grita algo al fondo, pero nosotros… en nuestro mundo. ‘Necesito ayuda con los archivos viejos’, murmura él, guiñando un ojo. Me levanto, piernas temblando un poco. Vamos a la sala de atrás, esa trastero polvoriento con estanterías hasta el techo. Cierro la puerta, pero no echa llave. El riesgo… mmm, me flipa. Luz tenue, olor a papel viejo y su colonia fuerte. Se acerca, su aliento en mi cuello. ‘Sabes que te como con la mirada todo el día’, susurra. Yo… yo le agarro la polla por encima del pantalón. Dura como piedra. ‘Shh, calla, que nos pillan’, digo riendo nerviosa.

Leave a Comment