Trabajo en una oficina grande, de esas con cubículos y salas cerradas. Laura es mi compañera, morena, con curvas que me vuelven loca. Siempre nos miramos, eh… sabes, de reojo. Hoy, entre dossiers amarillos y pilas de papeles, noto su mirada fija en mis tetas. ‘Ana, ¿me ayudas con estos archivos?’, dice bajito, mordiéndose el labio. Asiento, el corazón me late fuerte. Vamos a la sala de archivos, esa trastienda polvorienta al fondo. Cierro la puerta, clic del pestillo. El espacio se hace íntimo de golpe. Olora a papel viejo y su perfume dulce. ‘Sabes que te como con los ojos’, le susurro, acercándome. Ella ríe nerviosa, ‘Yo también, joder, estoy tan caliente…’. Nuestras manos rozan al sacar carpetas, dedos que se enredan. Siento su aliento en mi cuello, caliente. ‘Nunca he follado aquí’, dice, voz temblorosa. Yo, ‘Yo sí quiero, la adrenalina de que nos pillen…’. Nos besamos ya, lenguas salvajes, manos por debajo de las faldas. Sus pezones duros contra mi palma. ‘Quítate la blusa’, le ordeno suave. Obedece, tetas firmes saltan libres. Las chupo, muerdo un poco. Gime bajito, ‘Cuidado, alguien puede oír’. Pero no paramos, la puerta tiembla con un golpe lejano, nos reímos asustadas, más cachondas.
De repente, saca su móvil. ‘Mira esto, fotos de anoche…’. Me enseña su coño depilado, pinzas en los labios, culo abierto con dedos dentro. ‘Joder, ¿quién te hizo eso?’, pregunto, ya mojada perdida. ‘Una amiga por teléfono, me manda órdenes’. Me caliento más, ‘Enséñame cómo’. Le ato las manos con cables de ethernet que encuentro, suaves pero firmes. Le vendo los ojos con mi pañuelo. ‘¿Confías?’, sí, dice. Le pongo pinzas en los pezones, rojos e hinchados. Grita ahogado, ‘¡Más fuerte, puta!’. La giro, falda arriba, tanga a un lado. Su coño chorrea, clítoris hinchado como una cereza. Le meto dos dedos, luego tres, follando su agujero empapado. ‘¡Lame mi culo!’, suplica. Me arrodillo, abro sus nalgas redondas, lengua en su ano apretado. Sabe salado, a sudor y excitación. Lo chupo voraz, meto la lengua dentro, ella tiembla. Cambio a su coño, labios gordos, follo con la lengua profunda. ‘¡Me corro, joder!’, grita, squirt en mi cara, jugos calientes por mi barbilla.
La tensión sube entre carpetas y miradas
Ahora yo. Me quito todo, tetas libres. Le quito la venda un segundo, ‘Chúpame el coño’. Se lanza, lengua experta en mi raja. Siento cada lamida, chasquidos húmedos. Le meto la cara contra mi clítoris, follo su boca. Encuentro pinzas más grandes en su bolso, se las pongo en los labios mayores, tirando. Gime dolor-placer, ‘¡Sí, castígame!’. La ato a la estantería, piernas abiertas. Mi turno de correrme: froto mi coño contra el suyo, clítoris contra clítoris, resbaladizo y brutal. Sudor por todos lados, olor a sexo puro. Le meto un dedo en el culo mientras la froto, luego dos, estirando su ojete. ‘¡Fóllame el ano con la lengua!’, pide. Obedezco, saliva y jugos mezclados. Exploto yo, orgasmos dobles, cuerpos pegajosos temblando.
De golpe, voces fuera. ‘¡Mierda, la reunión!’, dice ella. Nos separamos rápido, quitamos pinzas, marcas rojas en su piel. Nos vestimos a toda prisa, risas nerviosas. Abro la puerta, aire fresco. Regresamos a nuestros puestos, caras serias, como si nada. ‘¿Todo bien con los archivos?’, pregunta el jefe pasando. ‘Sí, perfecto’, digo yo, piernas flojas aún. Bajo la mesa, siento mi coño palpitando, bragas empapadas. Mañana más, pienso, la adrenalina no para.