Ay, chicas, os lo cuento como si acabara de pasar, porque aún me tiemblan las piernas. Trabajo en esta oficina cutre en el centro de Madrid, papeleo hasta las narices, pero con Diego, el del cubículo de al lado… uf, ese tío me pone cardíaca. Ayer, tarde de reunión eterna, revisando expedientes. Él al lado mío, su rodilla roza la mía bajo la mesa. Yo finjo que no, pero siento el calor subiendo. ‘¿Todo bien con los números?’, me dice, y sus ojos… joder, me desnudan. Le miro de reojo, su camisa ajustada marcando pecho, y yo con mi falda lápiz que se sube sola.
Sigo tecleando, pero su pie se desliza, me acaricia el tobillo. ‘Eh… Diego…’, susurro, mordiéndome el labio. Él sonríe, pícaro: ‘Shh, relájate, Ana’. La sala de juntas está vacía ya, solo nosotros dos quedamos ‘terminando’. Mi coño empieza a palpitar, noto la humedad empapando las bragas. Me inclino para pasarle un dossier, y rozo su muslo adrede. Él agarra mi mano un segundo de más, ‘Ven, vamos a la sala de archivos, hay algo que revisar ahí’. Corazón a mil, adrenalina pura, ¿y si nos pillan? Eso me excita más.
La tensión sube entre papeles y miradas
Cerramos la puerta, ni cerradura, pero el pestillo flojo. Espacio diminuto, estanterías llenas de carpetas polvorientas. Se pega a mí por detrás, sus manos en mi cintura. ‘Joder, Ana, no aguanto más tus miraditas’. Yo me giro, le beso salvaje, lenguas enredadas, sabor a café y deseo. Le bajo la cremallera, su polla salta dura como piedra, gorda, venosa. ‘Mira lo que me haces’, gruñe. Yo me arrodillo, sin pensarlo, la chupo profunda, saliva chorreando, bolas en la mano. Él gime bajito, ‘Sí, cabrona, así…’. Me pone de pie, me sube la falda, arranca las bragas. Dedos en mi coño chorreante, ‘Estás empapada, puta’. Yo jadeo, ‘Fóllame ya, no pares’.
El polvo brutal y la vuelta a la normalidad
Me empotra contra la pared, piernas abiertas, su polla entra de un empujón brutal. ‘¡Ahhh!’, grito ahogado. Me taladra sin piedad, profundo, rápido, el plaf-plaf de carne contra carne. Siento cada vena rozando mis paredes, mi clítoris hinchado frotando su pubis. ‘Más fuerte, joder, rómpeme’, le pido, uñas en su espalda. Él me agarra las tetas, pellizca pezones duros como piedras, mordisquea mi cuello. Cambio, me gira, culazo al aire, me penetra por detrás. Sus manos en mis caderas, embiste como animal, bolas golpeando mi culo. ‘Tu coño aprieta tanto… me vas a hacer correr’. Yo me corro primero, temblores, chorros calientes bajando piernas, ‘¡Síiii!’. Él sigue, gruñendo, y explota dentro, leche caliente llenándome, goteando.
Nos quedamos jadeando, sudor pegajoso, olor a sexo impregnando el aire. ‘Hostia, ha sido… increíble’, dice él, besándome suave. Yo sonrío, ‘Pero shh, volvemos al curro’. Nos limpiamos rápido con kleenex, ajusto falda, él cremallera. Salimos, caras serias, como si nada. De vuelta a la mesa, ‘Bueno, ¿seguimos con los informes?’. Él asiente, guiño disimulado. Nadie nota nada, pero yo siento su semen resbalando aún, recordatorio secreto. Toda la tarde, miradas cómplices, y yo pensando en la próxima. Dios, el riesgo me vuelve loca. ¿Os ha pasado? Contadme.