Trabajo en una oficina grande, de esas con cubículos y luces fluorescentes que no se apagan nunca. Soy María, abierta como el coño después de una buena sesión. Adoro el riesgo, el corazón latiendo fuerte por si alguien entra. Esa noche, tarde, hasta las 10, Vero, mi compi de al lado, me dice que su amiga Geli viene. ‘Está jodida por su ex, eh… necesita desahogarse’. Sonrío, porque sé que desahogarse en este curro significa jugárnosla.
Geli llega con falda corta, tetas apretadas en una blusa blanca. Pelo rubio, ojos que piden polla. Nos miramos mientras clasificamos expedientes. Mis pezones se endurecen bajo la camisa. Vero roza mi muslo ‘accidentalmente’ al pasar un dossier. ‘Uy, perdón…’, dice riendo bajito. El aire huele a café viejo y a su perfume dulce. Siento mi tanga humedecerse. Geli se inclina, y veo el borde de sus bragas. ‘Qué calor hace aquí, ¿no?’, murmura, desabotonando un botón. Sus tetas asoman, pezones rosados. Mi coño palpita.
La tensión sube entre los papeles y las miradas
Cerramos la puerta del archivo, el único sitio privado. Luz tenue, estanterías altas. ‘Venid, chicas, esto es nuestro’, digo. Vero me besa el cuello, suave. Geli duda, ‘¿Y si nos pillan?’. ‘Mejor, más morbo’, respondo. Sus manos tiemblan al tocarme los pechos. Desabrocho su blusa, chupando un teta dura. Vero mete mano bajo mi falda, roza mi clítoris. ‘Estás empapada, puta’, susurra. Geli gime, metiendo dedos en el coño de Vero. El espacio se cierra, solo jadeos y olor a sexo.
Ya no hay vuelta atrás. Las empujo contra los archivadores. Les bajo las bragas. Coños depilados, brillando de jugos. ‘Quiero vuestra lengua’, ordeno. Vero se arrodilla primero, lame mi raja chupando fuerte. ‘Mmm, sabe a miel’, dice. Geli se une, lengua en mi ano. Doble felación inversa, me corro gritando bajito. Ahora ellas. Pongo a Geli a cuatro patas, culo arriba. Vero le abre las nalgas. ‘Fóllale el coño con la lengua’. Yo meto tres dedos en Vero, bombeando. Geli chorrea, ‘¡Más, joder, me corro!’.
El polvo crudo e intenso sin frenos
Saco mi juguetito del cajón –un consolador grueso que guardo para emergencias–. ‘Ahora os reviento’. Pongo a Vero de rodillas, polla falsa en su boca. Geli la chupa conmigo. Luego, levanto la falda de Geli, empujo el artilugio en su coño apretado. ‘¡Ahhh, sí, rómpeme!’, grita. Vero lame sus tetas mientras la follo duro. Cambio: Geli a cuatro, yo la penetro analmente con saliva, lento al principio. ‘Duele… pero qué rico’. Vero se frota el clítoris viéndonos. Nos corremos juntas, fluidos por las piernas.
Sudorosas, nos besamos con lenguas llenas de sabor a coño. ‘Ahora las dos juntas’, digo. Las pongo frente a frente, frotan coños. Yo meto dedos en ambas, alternando. Gimen alto, ‘¡Fóllanos, María!’. Bombeo rápido, clits hinchados. Explosión: Geli eyacula en mi mano, Vero tiembla convulsionando. Olór a orgasmo fuerte, piernas flojas.
Minutos después, nos limpiamos con kleenex. ‘Joder, qué pasada’, dice Geli jadeando. Vero se sube las bragas, ‘Nadie ha oído nada, suerte’. Yo arreglo mi pelo, miro el reloj. ‘Vuelta al curro, chicas, como si nada’. Salimos riendo nerviosas, coños sensibles rozando las sillas. Al día siguiente, miradas pícaras entre expedientes. El secreto nos une, adrenalina pura. Quiero repetir, pronto.