Mi polvo prohibido en la oficina: follada con voyeurs del curro

Hoy en la oficina… uf, no sé por dónde empezar. Llevaba esa falda corta bajo la blusa de oficina, ligueros y tanga que apenas tapaba mi coño depilado. Mi jefe, ese cabrón sexy, me había ganado la apuesta de la semana pasada. ‘Vístete puta para mí’, me dijo por WhatsApp. Entré al open space, sintiendo las miradas de los tíos en contabilidad. Caminaba altiva, pero el corazón me latía fuerte. Él me esperaba en su despacho, con la puerta entreabierta.

Nos miramos… sus ojos clavados en mis tetas. ‘Ven aquí, zorra’, murmuró bajito. Cerró la puerta, pero no del todo. El ruido de las impresoras y teclados de fondo. Me acercó, su mano rozó mi muslo, subiendo lento… crujió el nylon de las medias. ‘¿Lista para el castigo?’, preguntó. Asentí, mordiéndome el labio. ‘Sí… pero con público’. Él sonrió malicioso. ‘He visto a dos: el motero de logística, joven y cachondo, y el de IT, el tímido con gafas’. La adrenalina me mojó ya.

La tensión sube entre los archivadores

Fuimos al almacén de archivos, entre montañas de carpetas que nos tapaban un poco. La luz tenue, olor a papel viejo y sudor. El motero ya rondaba, fingiendo buscar algo. ‘¿Qué pasa, guapa?’, dijo guiñando. Mi jefe abrió la puerta del cuartito privado al fondo. ‘Entrad, pero solo miráis’. El de IT apareció, nervioso, ajustándose los pantalones. ‘¿En serio?’, balbuceó. Yo reí bajito. ‘Sí, venid… pero calladitos, que no nos pillen’.

Dentro, el espacio era chiquito, mesa vieja y archivadores. Mi jefe me besó duro, lengua enredada, saliva mezclada. Sus manos subieron mi falda, dedos en mi tanga empapada. ‘Estás chorreando, puta’. Gemí suave. Los dos tíos pegados a la puerta entreabierta, respirando pesado. Él me bajó la blusa, sacó mis tetas, pezones duros. Los pellizcó, yo arqueé la espalda. ‘Mira cómo me pone esto’, susurré. El motero ya tenía la polla fuera, grande y tiesa, pajeándose lento.

Me puse de rodillas, saqué su verga gorda. La chupé profunda, saliva goteando, garganta apretada. ‘Joder, qué boca’, gruñó él. Los voyeurs jadeaban. El tímido se bajó la cremallera, su polla era enorme, venosa, huevos colgando. Yo miré, excitada. ‘Mira esa polla monstruo’, le dije a mi jefe. Él me levantó, me empotró en la mesa. ‘Abre las piernas, coño’. Me folló brutal, polla entrando hasta el fondo, chapoteando mi humedad. ‘¡Sí, más fuerte!’, grité ahogado. El motero se acercó, polla contra el cristal sucio de la ventanita. Yo me giré, lamí el vidrio donde goteaba mi coño antes.

El polvo brutal y sin frenos

Él me dio la vuelta, me clavó por detrás. Mis tetas rebotaban, culo al aire. ‘¡Fóllame el culo!’, supliqué. Escupió en mi ano, empujó lento… duele rico. Entró entero, bombeando salvaje. El motero eyaculó primero, leche espesa en el vidrio, siguiendo mi rastro de jugos. ‘¡Oh, joder!’, chillé yo, corriéndome fuerte, coño palpitando vacío. Mi jefe seguía en mi culo, apretando. El tímido, rojo, sacó su bestia. ‘Tócame’, pidió bajito. Extendí la mano, la abrí con dos manos, piel suave y caliente. La meneé furiosa, froté el glande en mis tetas. Él tocó mi pezón, temblando.

Sus dedos en mi teta me volvieron loca. Me empalé en la polla de mi jefe, coño y culo alternando. Tres dedos suyos en mi chocho, masajeando el punto G, squirteando. Eyaculamos juntos: él en mi culo, chorros calientes; el tímido en mis tetas, inundándome de porra espesa. Gemidos mezclados, olor a sexo puro. Sudor, semen, mi squirt en el suelo.

Uf… jadeando, nos miramos. ‘Limpia’, dijo mi jefe riendo. Lamí un poco su polla, vestí rápido. Los voyeurs se fueron primero, sonriendo. ‘Hasta mañana’, guiñó el motero. Salimos, cara de póker. Volví a mi mesa, piernas temblando, semen goteando en las medias. ‘¿Todo bien?’, preguntó una compañera. ‘Sí, solo papeles’, mentí. Él pasó, guiño cómplice. Día normal… pero mi coño aún palpita recordándolo.

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