Follada en el despacho: Mi polvo salvaje con el jefe en la oficina

Trabajo en una oficina de marketing en Madrid, soy Laura, 28 años, y joder, cómo me pone el riesgo. Adoro esa adrenalina de follar donde no debo, sobre todo en el curro. El otro día, con mi jefe, Pablo, un tío de 40, moreno, con esa mirada que te desnuda… uf. Estábamos solos en su despacho revisando unos informes. La puerta entreabierta, el aire acondicionado zumbando, olor a café y papeles viejos.

Sus ojos se clavaban en mí cada dos por tres. ‘Laura, pasa esa carpeta…’, decía con voz grave. Yo me inclinaba, rozando su brazo sin querer. O queriendo, qué sé yo. Sentía el calor subiendo, mis pezones endureciéndose bajo la blusa. Él carraspeaba, se movía en la silla. ‘Joder, qué calor hace aquí’, murmuró, aflojándose la corbata. Yo sonreí, mordiéndome el labio. ‘Sí, jefe, mucho…’. Nuestras rodillas se tocaron bajo la mesa. No nos apartamos. El silencio se llenó de electricidad. Miradas que duraban demasiado. Mi coño empezó a humedecerse, notaba la braguita pegajosa.

La tensión sube entre papeles y miradas calientes

De repente, se levantó, cerró la puerta con pestillo. Clic. El corazón me latió fuerte. ‘Pablo… ¿qué haces?’, susurré, pero con una sonrisa puta. Se acercó, su aliento en mi cuello. ‘Tú sabes lo que quiero, Laura. Y yo sé que tú también’. Me besó, duro, lengua dentro, manos en mis tetas. Gemí bajito. ‘Shh, que nos oyen’, dijo riendo. Pero eso me ponía más. Le desabroché la camisa, pelo en el pecho, olor a hombre sudado. Bajé la mano a su pantalón. Joder, la polla ya dura, enorme bajo la tela.

Lo empujé contra el escritorio, me arrodillé. ‘Déjame mamarla, jefe’. Le bajé el zipper, saqué esa verga gorda, venosa, el capullo morado brillando de pre-semen. Olía a macho, musgoso. Lamí la punta, salado, delicioso. ‘Mmm… qué rica’, murmuré. La chupé despacio, lengua alrededor del glande, metiéndomela hasta la garganta. Él gruñía, manos en mi pelo. ‘Joder, Laura, qué boca…’. La mamaba fuerte, saliva chorreando, bolas en la mano, apretándolas. Se ponía más tiesa, latiendo.

El polvo brutal y el regreso al curro como si nada

Me levantó, me quitó la falda y las bragas de un tirón. ‘Mira cómo tienes el coño, chorreando’. Me abrió las piernas sobre el escritorio, papeles volando. Me metió dos dedos, chapoteando. ‘Estás para follarte ya’. Yo jadeaba: ‘Sí, métemela… fóllame duro’. Empujó la polla de golpe, llenándome entera. ‘¡Ahhh!’, grité. Me taladraba, rápido, el escritorio crujiendo. Sus huevos golpeaban mi culo. ‘Tu coño aprieta como una virgen’, gemía él. Cambiamos, me puso a cuatro, desde atrás. ‘Ahora te voy a reventar el culo’. Escupió en mi ano, presionó. ‘Espera… duele… pero sí, métela’. Entró despacio, quemaba, me partía. Luego placer puro, me follaba el ojete sin piedad, profundo. ‘¡Qué culo más apretado!’. Yo me corría, chorros en la mesa, gritando bajito.

Él aceleró, ‘Me corro…’. Sacó la polla, me giró y me llenó la boca. Chorros calientes, espeso, tragué todo. ‘Buena chica’. Nos miramos, sudados, jadeando. Rápido, nos vestimos. Limpié la mesa con kleenex. ‘Vuelve al trabajo, como si nada’, dijo guiñando. Salí, piernas temblando, coño y culo palpitando. Él abrió la puerta, seguimos la reunión. Nadie notó nada. Pero yo… sonrío recordándolo. Mañana, ¿repetimos?

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