Trabajo en una oficina de marketing en Madrid, soy Laura, 28 años, morena con curvas que no pasan desapercibidas. Pelo largo, tetas firmes y un culo que hace girar cabezas. Pablo, mi compañero del equipo, 30 tacos, moreno, ojos verdes penetrantes, cuerpo atlético de gym. Llevamos semanas con esa electricidad. Miradas cruzadas en las reuniones, roces ‘accidentales’ al pasar papeles. Hoy, viernes tarde, quedamos solos revisando dossiers en la sala común. El aire acondicionado zumba, pero yo sudo por otro motivo.
Sus ojos bajan a mis tetas bajo la blusa blanca ajustada. ‘¿Todo bien, Laura?’, dice con voz ronca, inclinándose sobre la mesa. Huele a su colonia, madera y hombre. ‘Sí… eh, solo estos informes que no cuadran’, respondo, mordiéndome el labio. Nuestras manos se tocan al coger la misma carpeta. Chispa. Me mira fijo, y yo siento el coño palpitar. ‘Vamos a los archivos, allí hay más’, sugiere. Asiento, corazón a mil. Caminamos por el pasillo vacío, tacones resonando. Oficina desierta, todos se han pirado al finde.
La tensión subiendo entre carpetas y miradas calientes
Entramos en la sala de archivos, puerta pesada. Él la cierra con pestillo. Clic. Espacio privado, estanterías altas llenas de cajas polvorientas, luz tenue amarilla. ‘Pablo… ¿qué hacemos aquí?’, digo bajito, pero ya estoy cerca, oliendo su aliento a café. Se gira, me acorrala contra la pared fría. ‘Lo que llevamos queriendo semanas’, murmura, y me besa. Fuerte, lengua invadiendo mi boca, manos en mi cintura. Gimo suave, ‘Mmm… joder, sí’. Sus dedos bajan a mi falda, suben por muslos. Siento su polla dura contra mi vientre, tiesa como hierro.
Le arranco la camisa, botones saltando. Pego mi boca a su pecho, lamiendo pezones duros. Él gruñe, ‘Hostia, Laura, qué puta cachonda’. Manos en mis tetas, amasándolas sobre el sujetador. Desabrocha, libre al aire. Chupa un pezón, tira con dientes. ‘Ahhh… duele rico’, jadeo. Bajo la mano, palpo su paquete enorme. Abro cremallera, polla sale tiesa, venosa, gorda. ‘Joder, qué polla más bestia’, digo, masturbándola lento. Pre-semen brillando en el capullo. Él mete mano bajo falda, dedo en mi tanga empapada. ‘Estás chorreando, puta’. Rasga la tela, dedo en coño resbaladizo. Frota clítoris, entro y salgo. Piernas tiemblan.
El polvo crudo, la corrida y vuelta a la rutina
Me gira, falda arriba. ‘Voy a follarte aquí mismo’, dice. Siento glande en labios vaginales, mojados. Empuja, polla entra de golpe, llenándome entera. ‘¡Aaaah! Sí, rómpeme el coño’, grito bajito, miedo a que oigan. Me folla salvaje, contra estantería que tiembla. Pla-pla-pla de carne chocando. Sus manos en mis caderas, pellizcando. ‘Tu coño aprieta como puta virgen’, gruñe al oído, mordiendo cuello. Yo arqueo espalda, tetas rebotando. Cambio: me pone de rodillas. ‘Chúpamela’. Abro boca, engullo polla hasta garganta. Saliva chorreando, bolas en barbilla. Él empuja cabeza, folla boca. ‘Buena puta de oficina’.
Levanta, me sube a mesa de archivos. Piernas abiertas, coño expuesto, hinchado. Baja cabeza, lengua en clítoris. Lame voraz, chupa labios, mete lengua dentro. ‘¡Ohhh, Pablo, me corro!’. Orgasmo brutal, chorro en su cara. Él se levanta, polla lista. Entra otra vez, misionero duro. Bombeada tras bombeada, sudor goteando. ‘Me vengo… adentro?’, pregunta agitado. ‘Sí, lléname de leche’. Gruñe, polla palpita, corrida caliente inundando coño. Chorros potentes, semen saliendo por lados.
Jadeamos, pegados. Beso lento. ‘Ha sido… increíble’, digo, piernas flojas. Él sale, semen chorreando muslo. Limpiamos rápido con kleenex, huelo a sexo. Me bajo falda, abrocho blusa. ‘Vuelta al curro, como si nada’, sonríe pícaro. Salimos, pasillo vacío. Nos sentamos en escritorios, fingiendo teclear. Mirada cómplice. Adrenalina aún bombeando. Mañana, lunes, todo normal… pero ya planeamos repetir.