Me llamo Carmen, trabajo de secretaria en un bufete de abogados en Madrid. Hace quince días, llega Pablo, el nuevo becario. Joder, qué pibón: metro ochenta, torso marcado, ojos azules que te clavan, pelo corto moreno. Bronceado de gimnasio. Lo pillo organizando expedientes en el archivo. ‘¡Hola!’, le suelto. ‘Ciao’, responde con sonrisa. Habla francés, pero chapurrea castellano. Le invito a café con el equipo. Sale mi compi Ana: ‘Nuevo vecino de mesa, ¿eh?’. Charla de todo. Le cuento de la fiesta de empresa, pero dice que no, se va pronto a un retiro espiritual. Quiere ser cura, joder. Camino de 1200 km para peregrinar. Qué desperdicio de polla.
Todo el día intentándolo. Se queja de pies doloridos por el viaje. Le masajeo, subo por pantorrillas, muslos. Le meto morritos en el cuello. Se empalma bajo el pantalón ancho, veo la tienda de campaña. Pero: ‘No, Carmen, quiero ser casto’. Me quedo hecha polvo. Noche en vela, me corro pensando en su verga, dedos en el coño, gimiendo bajito ‘¡Sí, Pablo, fóllame!’.
La tensión sube entre expedientes y miradas
Al día siguiente, no aguanto. Voy al jefe, Don Luis, cincuentón calvo, gafas finas, pinta de santo. Su despacho huele a madera vieja, fresco. ‘Don Luis, ¿puedo hablar?’. Me mira: ‘Claro, hija, siéntate en la cama… digo, en el sofá’. Le suelto lo de Pablo, que es un bombón perdido para la iglesia. Cruza piernas, mi falda sube, ve muslo. ‘¿He pecado de lujuria?’, digo juguetona. Él traga saliva. Le cojo la mano, la pongo en mi teta sobre el sujetador. ‘¿No me desea?’. Se pone rojo, suda. Palpa, gime.
El acto brutal y la vuelta al curro
Le bajo la cremallera, saco la polla: gruesa, venosa, goteando pre-semen. ‘Mmm, qué rica’, le digo lamiendo el glande. Saliva por todo, chupando como puta, dientes suaves rozando. Él me agarra pelo: ‘¡Dios mío!’. Tres dedos en mi coño empapado, me corro rápido, chorro en bragas. Le meto condón –no quiero sorpresas–, me siento a horcajadas. ‘¡Fóllame, jefe!’. Ondeo cadera, polla hundiéndose en mi coño apretado. Tetas en su cara, las mama, muerde pezones duros. Cambio: me echo boca arriba en el sofá. ‘¡Métemela, embísteme!’. Entra y sale, brutal, coño ardiendo. ‘¡Más hondo, joder, tu verga me parte!’. Aprieto vagina, le meto dedo en culo. Explota: ‘¡Oh, Virgen!’. Preservativo hinchado de leche espesa. Limpio su polla chupando, sabe a gloria.
Le cuento: no quiero que Pablo sea cura, convénzalo. Muestro condón: ‘O le digo que es tuyo, ADN y tal’. ‘¡Vale, lo llamo!’. Le hago una mamada extra, se corre otra vez en mi boca, trago todo. Salgo, voy al archivo. Pablo llega: ‘Don Luis dice que la vida es para follar, no para votos’. Lo beso, lengua dentro. Él responde, manos en mi culo. Pero hora de currar. ‘Luego, en el baño’, susurro. Nos separamos, sonrisas pícaras. Vuelta a mesas, como si nada. Corazón latiendo, coño palpitando, olor a sexo en aire. Adrenalina pura, esperando la próxima.