Me folló el culo en el despacho mientras hablábamos de fusiones millonarias

Uf, acabo de salir del despacho de Javier, mi jefe. Aún me tiemblan las piernas. Trabajo aquí desde hace dos semanas, en este open space enorme lleno de tías que saben lo que pasa. Todas hemos pasado por ahí, ¿sabes? Pero yo… yo soy la nueva, la que llama más la atención. Oigo su voz por el teléfono interno: “Lola, ven a mi oficina, por favor”. Cuelgo, abro el cajón, cojo el lubricante. Las chicas me miran con esa sonrisita pícara. Nadie dice nada, pero todas saben.

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Me meto en el baño de diseño, elegante, con azulejos italianos. Me bajo las bragas, finas como el aire. Gota de gel en el dedo índice, lo paso por mi ano. Umm, ya se abre fácil después de tanto uso. Dos dedos ahora, más gel, entro y salgo, lubricando bien el tubo. Listo. Me subo la falda sobre las medias, pelo largo negro suelto, y voy hacia su puerta. Camino recta, pero siento el cosquilleo en el culo, la adrenalina de que alguien nos pille.

La tensión sube entre papeles y miradas calientes

Entro. Él teclea en uno de sus cuatro ordenadores. “Vamos a rechazar la oferta china, se lo decimos mañana”. Yo asiento: “Sí, antes el informe de Singapur”. Me pongo de rodillas en el sillón de visitas, ritual mío. Levanto la falda, arqueo el culo. Solo le interesa eso. Ni mis tetas, ni mi coño. Me abre con la mano, su glande grande estira mi ano sin problema. Entra suave, deslizándose en mi recto. “Si los australianos bloquean, no necesitamos chinos”, dice mientras me folla el culo a ritmo constante. Sale casi todo, vuelve fondo. Hablamos estrategia, yo impasible, pero al principio costaba concentrarme con esa polla gorda abriéndome.

Ahora ya… hasta me gusta un poco, ¿eh? Él brilla más así, sus ideas geniales salen mientras me dilata. Pero no lo muestro, soy fría. De repente: “¿Estás contenta con el puesto, Lola?”. “Aprendo mucho”. “¿Sientes algo cuando te enculo?”. “Es privado, no comento”. Se ríe bajito. Sigue bombeando, fuerte, como deportista. Puedo aguantar horas, lo sé.

Llama por teléfono: “Marta, a mi oficina”. Marta de contabilidad, rubia pechugona, culito mono. Llega, jeans y blusa barata. Yo sigo con el culo al aire. Él con la polla fuera. “Bájate el pantalón hasta las rodillas, no la braguita”. Obedece, string blanco transparente. “Enséñanos las tetas”. Se quita el sujetador, pechos enormes, naturales, blancos como porcelana. Yo entiendo: cada una tiene su rol. Yo culos, ella tetas para pajas rusas.

Pero él quiere cambiarla: “Marta, mete tres dedos en el culo de Lola”. Ella tiembla, uñas largas me arañan. “¿Tres? ¿Le duele?”. Yo callo, enfadada. Él: “Adelante, mira qué elástico”. Fourra, yo siento sus dedos torpes en mi ano.

El enculado brutal con todos los detalles sucios

Me cabrea, me levanto, le suelto una bofetada. Él me agarra: “Grave error, Lola”. Marta: “Quiero que se disculpe preparándome”. Me obliga. La pongo sobre el escritorio, bajo jeans, string aparte. Roseta clara, labios con pelitos rubios. Escupo saliva en su ano, un dedo, dos, tres. Fuerte. Le fesso el culo blanco, rojo ahora. Ella gime: “¡Ay! ¡Sí!”. Cuatro dedos, casi puño. Me mojo el coño sin darme cuenta.

Él nota, mete mano bajo mi falda: “Estás empapada”. Me sube al escritorio, encima de ella, piernas abiertas. Mi coño gotea sobre su ano. Él lubrica su polla con mis jugos, empuja en Marta: “¡Aaaah!”. La folla el culo brutal, entra y sale esa verga gruesa distendiendo su ojete. Yo miro de cerca, hipnotizada.

Saca, me frota el glande en mi coño lampiño, entra lento. Electricidad, tiemblo, pero no gimo. Sale, me toca el clítoris, exploto en orgasmo silencioso, piernas flojas.

Vuelve a Marta, la hace gritar: “¡Me enculeeees! ¡Me encanta que me folles el culo!”. Ella corre, bebiendo placer anal. Él no acaba, sale tieso. Yo vuelvo a posición, él me encula duro, pero sale: “Me decepcionaste”. Acaba en Marta, tiritando.

“Lola, túmbate”. Marta se agacha sobre mi cara, ano abierto, chorro de semen caliente en mi boca. Lamo limpio su culo. Trago asqueada. Él: “Informe Singapur en diez minutos”. Ella se va. Yo me visto, vuelvo al open space. Como si nada. Pero dentro… ardo de ganas de más.

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